Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Un Universo Lleno de Vida: La Señal

   El extraterrestre es mi hermano.
   No, no me he vuelto loco, es una entrevista, cuyo título fue ese mismo (ofrecida por L´Osservatore Romano),  lo curioso de la entrevista es quién fue el entrevistado, y lo que significaba por ello. Dicha entrevista fue gracias a José Gabriel Funes, director del Observatorio Vaticano, el cual, durante la entrevista nos dejó las siguientes afirmaciones entre otras: 
"Cómo podemos excluir la posibilidad de que la vida se haya desarrollado en todas partes. El gran número de galaxias con sus propios planetas hace eso posible". 
   A la pregunta de si creía que esas criaturas extraterrestres serían parecidas a los seres humanos o si, por el contrario, serían mucho más evolucionadas, el astrónomo aseguró que 
"ciertamente, en un universo tan grande no se puede excluir esa hipótesis".
   Un par de meses más tarde en Septiembre de 2009, la Academia Pontificia de las Ciencias del Vaticano celebró su primera conferencia sobre astrobiología, convocada en la Casina Pio IV, una antigua residencia papal. En ella participaron tanto prominentes científicos como líderes religiosos venidos de todo el mundo. Y lo hicieron para poner de acuerdo ciencia y religión ante la posibilidad, inminente para muchos, de encontrar formas de vida fuera de nuestro propio planeta. Sorprendentemente, la Iglesia empezó a aceptar que la vida pudiera existir en muchas formas más allá de los límites de la Tierra.


   La Vía Láctea, nombre que recibe la galaxia en donde se encuentra situado nuestro sistema solar, se trata de una galaxia espiral, y en uno de sus brazos, se sitúa nuestro querido planeta, la Tierra. Los extraordinarios resultados de la sonda Kepler, en su primer año de misión, ha permitido a los investigadores extrapolar el número total de mundos que podría haber sólo en la Vía Láctea, nuestra galaxia. Y ese número ronda los 50.000 millones. De los cuales, además, unos 500 millones estarían a la distancia adecuada de sus soles para permitir la existencia de agua en estado líquido, una condición "necesaria para la vida".
   Para realizar su estimación del número de planetas en la Vía Láctea, los astrónomos tomaron la frecuencia observada (el porcentaje de estrellas con por lo menos un planeta) y lo aplicaron al número total de estrellas de nuestra galaxia, que según las últimas estimaciones ronda los trescientos mil millones. El resultado fue que nuestra galaxia debería contener unos 50.000 millones de planetas, 500 millones de los cuales estarían, además, en zonas adecuadas para la existencia de vida.
   Teniendo en cuenta que según los últimos estudios revelan la existencia de más de cien mil millones de galaxias, hacen que el número de planetas que pudieran existir en el Universo fuese infinito...

   ¿Existe la vida fuera de nuestro planeta? Visto lo visto es probable. ¿Tenemos constancia de ello? Aún no, pero los científicos no cejan en su empeño en buscar por lo recónditos y fríos lugares existentes en el espacio exterior. ¿Cómo empezó toda la búsqueda?...

   1977, sería el año que comenzaría todo, las sondas Voyager, estaban preparadas para emprender su viaje a los confines del sistema solar. Concretamente fueron lanzadas hacia el espacio el 20 de Agosto de 1977 la Voyager 2 y en ese mismo año y solo un par de semanas después la Voyager 1, el 5 de Septiembre. Su objetivo inicial era acercarse a los planetas Júpiter y Saturno, sobrevolándolos, y así lo hicieron. Trayéndonos numerosos datos que por aquel entonces se desconocían de dichos planetas y sus satélites. La NASA, debido al éxito decidió que debían de cumplir otras misiones, por lo que pusieron rumbo hacia, Urano (1986) y Neptuno (1989) teniendo el mismo éxito que en las misiones anteriores, y de tener el honor de ser las únicas sondas que se han acercado a dichos mundos para estudiarlos. El viaje se llamó el Grand Tour espacial y costó 900 millones de dólares (720 millones de euros). Sin embargo, aún les quedaba un largo viaje por delante, la NASA, se planteó llegar más allá de nuestro sistema solar.
    Han pasado 35 años desde su lanzamiento, la sonda Voyager 2 se ha convertido, el pasado 13 de Agosto en la nave espacial operativa con más tiempo en funcionamiento, pese a que algunos instrumentos se han apagado. Ambas naves han tenido que soportar numerosos peligros en su viaje, entre ellos soportar la fuerte radiación de Júpiter, y los fríos extremos del espacio exterior, debido a la lejanía del Sol.
   Sus radioseñales tardan en ir y volver al Sol 33 horas y 40 minutos (la Voyager 1) y 27 horas y 22 minutos (la Voyager 2) viajando a la velocidad de la luz, por lo que están a casi 17 y casi 14 horas luz, respectivamente, de aquí. Aún se siguen comunicando con la Tierra regularmente. En palabras del jefe científico de la misión, el veterano Edward Stone:
“Incluso después de 35 años, nuestras resistentes naves Voyager están a punto de hacer nuevos descubrimientos y estamos impacientes, esperando la señal de que han salido al espacio interestelar”
    No se sabe con precisión donde se encuentra la frontera del Sistema Solar, la heliopausa, el límite de la heliosfera, que es como una burbuja de influencia del Sol, de su campo magnético y del flujo de partículas llamado viento solar. Pero las naves deben estar cerca de esa frontera: la Voyager 1 empezó recientemente a detectar cambios en su entorno. El flujo de partículas de alta energía procedente del espacio exterior ha empezado a aumentar y declina el flujo de partículas de energía más baja procedente del interior del Sistema Solar. Los científicos también están pendientes de la dirección del campo magnético, que debe cambiar cuando la nave salga al espacio interestelar. Los cálculos teóricos señalan que la frontera, la heliopausa, debe estar entre 90 y 120 veces la distancia de la Tierra al Sol (unidad astronómica, UA).
   Luego las naves seguirán viajando gracias a la energía que aún les queda hasta 2020-2025. Cuando está se agote, continuarán su viaje, pese a estar sin vida, a la deriva. 
   Sin embargo, dentro de esas naves, existe un mensaje de la humanidad, creado por numerosos científicos y grandes pensadores de los años 70, para si algún día alguna civilización alienígena recogiera alguna de las naves, supieran de nuestra existencia y costumbres. En el anillo central de la estructura encontrarían un disco de cobre bañado en oro, de 30 centímetros de diámetro con algunas pistas. Incluye entre otras cosas una grabación de dos horas de duración con imágenes y sonidos en los que se intenta comunicar a una inteligencia extraterrestre qué es el hombre y cómo es su mundo. En la parte central del disco está grabada la situación del planeta Tierra con la referencia de 15 objetos celestes (púlsares) reconocibles, un diagrama del átomo de hidrógeno y las instrucciones para leer la información grabada en los surcos, incluida una cápsula con la aguja. Saludos de la Tierra en 55 lenguas, 115 imágenes de asuntos tan variados como un diagrama de la estructura de la Tierra, un esquema del hombre y la mujer (ella con un feto), una construcción africana o el edificio de la ONU en Nueva York y piezas de música de Oriente y Occidente, clásica, étnica y contemporánea se grabaron en el disco. Además también se grabaron sonidos del planeta azul, como la lluvia y el viento, ladridos de un perro, el chillido de un chimpancé, el latido del corazón humano, un beso, un tren y un tractor, etc...
   De todo ello se encargó una comisión de científicos dirigida por el astrónomo y gran divulgador Carl Sagan, ya fallecido. 
“Una de estas naves será interceptada y el disco leído solo si hay una civilización con actividad espacial avanzada en el entorno interestelar, pero el lanzar esta botella en el océano cósmico transmite algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta”, dijo entonces Sagan.
    Además los futuros interlocutores de la especie humana podrán incluso conocer quién pagó tan costosa aventura ya que se encuentra impreso en el mismo disco.

   Y... Kepler abrió los ojos. En Marzo de 2009, fue lanzado el proyecto más ambicioso de la NASA, en la búsqueda de nuevos mundos con posibilidad de vida en ellos. Su cámara de 95 megapixel, la más sofisticada jamás enviada al espacio, hacía de Kepler el más potente de todos los telescopios para dicho papel, y el que más posibilidades tenía y tiene de cumplir la misión con éxito. La misión en principio se había estimado para los siguientes 3 años y medio, y aunque aún está por cumplir el plazo estipulado, todo hace pensar que Kepler seguirá buscando por más años en el espacio profundo el tan ansioso planeta habitable. 
  Paralelamente a este proyecto otros muchos, se encuentran activos en la búsqueda de vida más allá de nuestro humilde planeta, por ello son muchos los observatorios del mundo, los que escrutan el cielo en su búsqueda. Y no tardaron en darse las primeras noticias de los nuevos planetas y sistemas solares semejantes al nuestro. 
   Fue el 20 de Abril de 2009 cuando saltaba la noticia, Michel Mayor, del Observatorio de Ginebra, introducía en una conferencia en Londres su nuevo e impresionante descubrimiento con estas palabras:
 "El Santo Grial en la búsqueda de exoplanetas es la detección de un mundo rocoso, parecido a la Tierra y que esté en la zona habitable de su sol, una región alrededor de la estrella huésped que tenga las condiciones adecuadas para que pueda existir agua líquida en la superficie de un planeta".
   Se trataba de un nuevo mundo, llamado Gliese 581e, en órbita de una estrella muy conocida por los astrónomos y que se encuentra a 20 años luz de la Tierra (cada año luz equivale a 9,6 billones de km), en la constelación de Libra. Suponía el cuarto planeta de un sistema planetario bastante parecido el nuestro, los otros 3 planetas descubiertos con anterioridad fueron bautizados como Gliese 581 a, b y c, respectivamente.

   Sólo le faltó un par de semanas a Kepler para realizar sus primeros descubrimientos, fue a principios de Abril de 2009, cuando se anunció el descubrimiento de 5 nuevos cuerpos, que pese a ser bastante distintos en composición y otros parámetros a la Tierra era una buena señal para la misión que en palabras del astrónomo William Borucki, del Centro de Investigación Ames, en California, e investigador principal del telescopio, nos decía:
"Los descubrimientos demuestran que los instrumentos científicos están funcionando bien. Y eso significa que Kepler cumplirá todos sus objetivos científicos". 
   La empresa tuvo que esperar hasta finales del mes de Agosto de 2010 para ser portadas de numerosos periódicos por un descubrimiento destacable, ya que tras 7 meses de estudios se afirmó la existencia de dos nuevos planetas, que bien podría estar acompañado por un tercero, con características semejantes a la de nuestro planeta. Los dos planetas, localizados usando el método del tránsito, orbitan alrededor de la estrella Kepler-9.

   De esta manera llegaríamos hasta el descubrimiento más polémico en la búsqueda de planetas habitables en sistemas extrasolares y sería de un planeta de un sistema solar, que ya conocíamos con anterioridad. 
   A finales de Septiembre de 2010, las portadas de los diversos medios de comunicación nos decían que nos encontrábamos con el primer planeta realmente parecido a la Tierra, se trataba de Gliese 581g. Ninguno de los más de 500 planetas extrasolares que habían sido descubiertos hasta ese momento reunía las excepcionales condiciones que se daban en Gliese 581g, un mundo que tiene tres veces la masa de la Tierra (suficiente para sustentar una atmósfera) y que se encuentra justo en el centro de la zona de habitabilidad de su estrella, es decir, dentro de la estrecha franja orbital que permite la existencia de agua en estado líquido. El nuevo planeta se encuentra a 20 años luz de la Tierra, alrededor de una estrella, Gliese 581, ya comentado con anterioridad. Con ese ya eran seis los mundos descubiertos en órbita de esta enana roja. Los hallazgos se basaban en el análisis de once años de observaciones del observatorio Keck, en Hawaii.
   Steven Vogt, profesor de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Santa Cruz, aseguraba en aquel entonces:
"Nuestros hallazgos suponen un caso muy convincente de planeta potencialmente habitable. Y el hecho de que hayamos sido capaces de detectar este planeta tan rápidamente y tan cerca de nosotros nos dice que los mundos como éste deben ser realmente comunes"
   La polémica estaba servida. En Diciembre de 2008 fue resgitrada una extraña señal procedente del espacio. Difícil de explicar por causas naturales, aquél único pulso luminoso fue captado en los alrededores de Gliese 581 mucho antes de que se supiera que la estrella tenía en su órbita planetas "potencialmente habitables".  El estudio fue llevado a cabo por el prestigioso astrónomo australiano y miembro del programa SETI Ragbir Bhathal que ponía sobre el tapete un inquietante trabajo dirigido por él dos años antes del descubrimieto de Gliese 581g, planeta recordemos potencialmente habitable, el cuál hacía constar: la recepción de un misterioso y único pulso de luz, captado por él en persona y procedente de la misma región de espacio, a 20 años luz de distancia, en la que se ha encontrado el nuevo planeta. Bhathal, tras este misterioso descubrimiento siguió escrutando durante meses el firmamento para intentar ver si se repetía la señal, sin éxito. Tres meses después de esta inusitada historia se haría el descubrimiento de los tres primeos planetas del sistema de Gliese 581. En palabras de Bhathal:
"Siempre que hay una noche clara subo al observatorio y me doy una vuelta por varios objetos celestes. Fue mirando a uno de esos objetos como encontré la señal. Encontramos un pulso muy largo, del tipo del que emitiría un láser, que es justo el tipo de cosas que andamos buscando".
   Se desconoce hoy en día un objeto que no sea por construcción inteligente y en este caso humano, que emita pulsos láseres, de ahí el desconcierto creciente, con el también descubrimiento del sistema planetario que se halla en la misma dirección del que provino el pulso, de que pudiera existir vida inteligente en uno de esos planetas y más concretamente en Gliese 581g.  De hecho Steven Vogt, profesor de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Santa Cruz, y descubridor del planeta, afirma estar convencido "al cien por cien" de que allí hay vida.
   De ser ciertas estas afirmaciones, y hallándose el conjunto planetario a 20 años luz y habiéndose recibido en la Tierra en 2008, ese pulso fue lanzado fuese o no finalmente por una civilización inteligente en 1988. Quizás algún día obtengamos la respuesta final a esta cuanto menos inquietante pregunta.
   Sin embargo el capítulo de Gliese 581g, no estaba para nada cerrado. A mitad de Octubre de 2010, la revista Science en su edición online publicaba que dicho descubrimiento quizás no se hubiera producido. La culpa la tenía Francesco Pepe, del observatorio de Ginebra, uno de los descubridores de cuatro de los conjuntos planetarios de Gliese 581 en concreto a, b, c y d. Este acusaba a Vogt, de que a diferencia de los estudios realizados por él, ellos habían tenido a su mano diferentes estudios a parte de los propios, cosa que Vogt no había tenido en cuenta, si bien él no podía asegurar su inexistencia. Por su parte Vogt se limitó a decir que la señal de Gliese 581g era tan débil que no le extrañaba que nadie hubiera dado con él. Pese que ambos cuerpos científicos encabezados por Vogt y Francesco, comentaron entonces que esperaban su confirmación o no en los próximos años, nada se ha vuelto a saber sobre este enredado asunto, acrecentando más si cabe el mito de Gliese 581g.
   Así pasaron unos meses, cuando un nuevo análisis del tan comentado sistema solar Gliese 581 daría una nueva vuelta al asunto, y esta vez no se encontraba en el ojo del huracán el tan polémico Gliese 581g, si no Gliese 581d. El estudio apareció en el número de Abril de 2011 de la revista Astrophysical Journal Letters. En el que se comentaba la posibilidad de que hubiese agua líquida en la superficie del planeta y por ende la probabilidad de vida aumentaba. Un planeta descubierto en 2007 y que había sido inicialmente descartado como posible receptor de vida. En cambio el nuevo modelo desarrollado por Robin Wordsworth y Francois Forget, climatólogos del CNRS francés (Centre national de la recherche scientifique) muestra, en efecto, que Gliese 581d tiene un potencial sorprendente. Tanto como para arrebatar a su planeta vecino Gliese 581g, el título de primer planeta habitable detectado por el hombre fuera del Sistema Solar. No obstante, los nuevos cálculos indican que su densa atmósfera, muy rica en CO2, es perfectamente capaz de retener el calor del planeta por medio del efecto invernadero. Y al mismo tiempo, lo cual es fundamental, de permitir el paso de los rojos rayos de luz de su estrella, que calientan su superficie. Gliese 581d, además, se encuentra en el borde mismo de la zona de habitabilidad de su estrella, la estrecha franja orbital, ni demasiado fría ni demasiado caliente, que permite la existencia de agua líquida sobre la superficie, una condición que se considera esencial para la búsqueda del único tipo de vida que conocemos.
   De este modo y dejando a Gliese 581d como el mejor candidato para albergar vida, por delante de su polémico "hermano g" y con el misterio de la señal proveniente de ese recóndito lugar del espacio, cerramos ese capítulo para continuar este viaje, iniciado por las sondas Voyager.

   Y es que el trabajo de Kepler no queda para nada en duda, pero como estamos viendo los mayores éxitos son los realizados en numerosos estudios de diversos observatorios del planeta, y es que el siguiente gran descubrimiento nos lleva al Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, donde a principios de Septiembre de 2011 se anunciaba un nuevo planeta potencialmente habitable, se trataba de HD85512b y gira alrededor de una enana naranja en la constelación de Vela. El nuevo mundo, afirmaban los investigadores, que se encontraba a la distancia perfecta de su estrella y tenía la masa adecuada para ser incluido en la selecta lista de los planetas más parecidos a la Tierra encontrados hasta la fecha. Se encontraba sólo a 36 años luz de la Tierra. Su tamaño, además, es un buen indicativo de que su atmósfera no se parece a la de los planetas gigantes (normalmente dominada por hidrógeno y helio) y podría contener, por lo tanto, oxígeno y nitrógeno. A estas características se añaden, por un lado, su órbita, completamente circular y estable, de modo que su clima no está sujeto a bruscas variaciones; y por otro, que se encuentra en un sistema solar por lo menos mil millones de años más viejo que el nuestro (que tiene unos 5.000 millones de años), lo que es tiempo más que suficiente para que la vida haya podido desarrollarse allí sin problemas. 
   El único problema, pues, es la imposibilidad de enviar una sonda a dicho planeta para comprobarlo.

   Se acercaba la navidad del año 2011 y la NASA, nos iba a premiar con un nuevo descubrimiento por parte de Kepler, dos nuevos planetas con un tamaño semejante al nuestro, Kepler 20e y Kepler 20f. Se encuentran en una lejana estrella situada a 950 años luz de nuestro sistema solar. En un artículo que publicaba en esa semana la revista Nature, Francois Fressin, del Instituto de Astrofísica Harvard Smithsonian, explicaba que se trataba de los dos planetas más pequeños jamás detectados hasta la fecha en la órbita de una estrella similar al Sol. 
   Antes de hacer público el hallazgo, los investigadores analizaron los datos recogidos por el telescopio espacial Kepler durante 670 días, un periodo durante el que se registraron hasta cinco señales de tránsito periódico en la estrella Kepler 20. Cada señal corresponde al paso, o tránsito, de un objeto entre la estrella y nosotros, lo cual provoca un ligero descenso de su luminosidad y revela a los astrónomos la presencia de un nuevo planeta. Hasta ahora, sin embargo, sólo se conocían tres planetas gigantes orbitando alrededor de Kepler 20 (Kepler 20b, c, y d). Las dos señales adicionales, no detectadas hasta esa fecha, revelaron la existencia de los dos nuevos mundos. 
   Uno de los dos nuevos mundos, Kepler 20f, es apenas un 3% mayor que la Tierra, mientras que el otro es algo más pequeño (su radio equivale a 0,87 veces el de nuestro planeta). Los dos parecen ser rocosos, pero sus elevadas temperaturas superficiales, (815 y 426 grados respectivamente) impiden que sean candidatos a albergar alguna forma de vida, por lo menos tal y como nosotros la conocemos.
   Pese a no poder albergar vida, sin duda alguna el descubrimiento de ambos planetas ha de ser festejado. Revela, que Kepler es capaz de observar planetas de tamaño similar al nuestro, cosa que hasta hace pocas fechas era cosa imposible y por lo tanto la misión está siendo hasta el momento todo un éxito.

   Las noticias se siguieron sucediendo y al principio de 2012, serían confirmados 26 nuevos planetas situados en once nuevos sistemas solares. Pese no ser el deseado santo grial ninguno de ellos, estos datos nos dice el buen estado en el que se encuentra la misión. En palabras de Doug Hudgins, uno de los científicos que trabajan en el proyecto:
"Antes de la misión Kepler conocíamos unos 500 planetas extrasolares en todo el cielo. Ahora, en apenas dos años y en una porción de firmamento no mucho mayor que un puño, Kepler ha confirmado la existencia de 60 nuevos planetas y dispone de una lista de más de otros 2.300 candidatos. Lo cual nos confirma que nuestra galaxia está densamente poblada de planetas de todos los tamaños y órbitas".
   Hace tan solo unos días concretamente el 29 de Agosto, NASA, confirmaba el descubrimiento de primer sistema binario, sistema solar formado por dos estrellas, que tenían planetas en su haber. Formado por dos planetas y situado a 5000 años luz de la Tierra. Pese que Kepler 47, que es como ha sido bautizado, una vez más no está entre los candidatos a albergar vida, nos recuerda el buen estado de salud que goza Kepler.

   Hemos recorrido años y décadas de evolución tecnológica en búsqueda de vida más allá de nuestro planeta, pero debemos recordar que la búsqueda masiva de planetas y sistemas extrasolares comenzó en 1990, cuando fue lanzado el telescopio Hubble el cuál hizo grandes descubrimientos y nos abrió los ojos hacia el corazón de nuestro Universo (para saber más leer: Un Universo Lleno de Vida: La Misión), y todo ni más ni menos que gracias a Hubble. 
   Charles Bolden, actual administrador de la NASA y el hombre que, el 24 de abril de 1990, se encargó de pilotar el transbordador Discovery en su misión STS-31, que llevó al Hubble hasta su órbita nos habla del mismo: 
"Durante 21 años, el Hubble ha sido el observatorio espacial más importante, asombrándonos con sus imágenes profundamente bellas y llevando a la ciencia basada en tierra a un nuevo y enorme abanico de nuevas disciplinas astronómicas".

   Estamos cada día más cerca de encontrar un planeta inmensamente semejante al nuestro, quizás pase algún año, o lustro más para que se haga oficial, no es nada fácil escrutar el cielo, y recordemos como hemos visto, que sólo se ha escrutado un puño del firmamento, ante la vastedad del Universo. Sin embargo, una cuestión se me viene a la mente en estos momentos, ¿es necesario ir tan lejos para buscar vida extraterrestre? Quizás hallamos dejado de lado algunas cuestiones y posiblemente, quién sabe si la respuesta a esta pregunta sea bastante más sencilla de lo que creéis y además de encontrarse mucho más cerca de lo que gran parte de la comunidad científica cree, pero eso, querido lector será cuestión de otro artículo, ahora dejemos volar la imaginación por esos mundos lejanos y pensar quién sabe si alguien desde allí mira a las estrellas haciéndose la misma pregunta que nosotros, ¿existe vida más allá de nuestro planeta?


     Continúa en:  Un Universo Lleno de Vida: Una Verdad Incómoda

2 comentarios:

  1. Bueno y documentado artículo, aunque hay una cosa con la que no estoy de acuerdo.
    Dice: Ambas naves han tenido que soportar numerosos peligros en su viaje, entre ellos soportar la fuerte radiación de Júpiter, y los fríos extremos del espacio exterior, debido a la lejanía del Sol.

    --
    Los fríos extremos no creo que sean por la lejanía del Sol, es por la misma temperatura del espacio vacío, es decir, casi llegando al cero absoluto. La misma temperatura hay entre la Tierra y La Luna allí donde no hay una pízca de atmósfera que en las cercanías de Saturno o Júpiter. Sólo hay calor cuando hay 'algo' que calentar.

    El jueves empezamos a las diez de la noche el programa de astronomía Un Punto Azul en Frontera Radio, si estás en Jerez, te pasas, te gustará :)

    Saludos!!!

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    1. Bueno visto desde ese punto de vista es verdad... Pero bueno.. jaja en verdad tienes tooda la razón, pero quizás si dijera eso, ya tendría que explicar lo de los -273 K, que son los valores a lo que se aproxima, quizás la gente de a pie lo entienda mejor de la forma en la que me exprese, aunque si hubiera caído en como me lo has dicho te aseguro que no lo hubiera puesto y tentado estoy de quitarlo xD...
      Pues si dios quiere, estaré en Irlanda, pero me gustaría, a ver si a la siguiente puedo, y gracias!! =)

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