Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los Hombres del Maíz


Al principio todo era oscuridad, el cielo era cielo, y la tierra un basto océano. Llegó el día en el cual Tepeu y Gucumatz despertaron al mundo de su largo letargo, y en el profundo océano donde se hallaban, un destello de luz y esperanza subió a las alturas llegando a la superficie de un mundo y universos inhóspito y rodeado de caos. Se creó el corazón del cielo.
Mediante la palabra, conforme emergían a la superficie para alcanzar los cielos, la tierra escalaba hacia el exterior, y pronto los grandes océanos se quebraron dejando a su paso grandes porciones de tierra, aquella que hoy en día tanto aprecian algunos y menosprecian otros. Sin embargo gran cantidad de agua quedó encarcelada en el vientre de la madre tierra, de ese modo, los dioses, para que no se corrompiera, alzaron grandes cordilleras, llanuras, mesetas y todo tipo de accidentes geográficos, fue así como el agua quedó libre y circulando por las distintas cavidades que formaban el terreno, formaron lo que hoy llamamos como; arroyo, ríos, lagos, etc…
Acaso, como si no lo tuvieran planeado la tierra se hizo fértil, emergiendo todo tipo de vida vegetal, de eta forma se crearon grandes bosques de pinares, y todo tipo de foresta. Sorprendidos, por el inusual acontecimiento, decidieron concebir a los guardianes, fue así como los primeros animales deambularon por el planeta. Pasó el tiempo, estos procrearon y se dispersaron. Fue entonces cuando decidieron, dar el lugar adecuado a cada grupo de guardianes, de este modo se repartirían: mar, tierra y aire.


Ambiciosos y llenos de ego, los padres de la vida, decidieron que su creación debía de adorarlos como les correspondía, así que decidieron dar el don del hablar sin éxito. Furiosos, castigaron a todo ser vivo que habitaba en la faz de la tierra a ser asesinados y devorados por algunos de sus hermanos.

Llenos de avaricia, continuarían con su afán, creando un tipo de ser vivo jamás visto para que desempeñara dicha función, fue así como nacería en concepto de lo humano, y en aquel día decidieron de una vez por todas, que antes del primer amanecer ellos le idolatrarían. No obstante, ni siquiera para los dioses crear un ser con humanidad propia era tarea fácil, necesitaron varios intentos para dar con la tecla:

1.      Los hombres de barro: Un auténtico fracaso como pudieron observar al poco de que naciera a la vida, estos, no se podían sostener, no podían andar ni multiplicarse y se deshacían, por lo que decidieron destruir cualquier vestigio de aquella aberración.

2.      Los hombre de madera: un gran avance, sin lugar a dudas, ya que hablaban y se multiplicaban, pero estos no tenían memoria (por lo tanto no se acordaban de su creador), entendimiento, caminaban sin rumbo y andaban a gatas. Estos fueron los primeros que habitaron la faz de la tierra, pero con el diluvio creado por el corazón de cielo estos murieron. Aunque unos pocos lograron salvar su vida, se escondieron e involucionaron a monos.

3.      El hombre de tzite y la mujer de espadaña: A pesar de los avances en la constitución y fisionomía, estos al contrario que los anteriores, ni tan siquiera hablaban, así que enfurecidos, fueron aniquilados con resina y fueron desfigurados por las piedras de moler. Esto fue en castigo por no haber pensado ni en su madre, ni en su padre.

4.      El hombre del maíz: La creación final estaba a punto para ver la luz, el Sol, la Luna y las estrellas aparecieron sobre los creadores cuando descubrieron lo que en verdad debía entrar en la carne del Hombre.  Los animales que trajeron la comida fueron: Yac Yac (el gato de monte) Utiú (el coyote), Quel (cotorra vulgarmente llamada chocoyo) y Hoh (el cuervo). Estos cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, les dijeron que fueran a Paxil y les enseñaron el camino de Paxil. De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas. Los animales les enseñaron el camino. Y moliendo entonces las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, hizo lxmucané nueve bebidas, y de este alimento provinieron la fuerza y la gordura y con él crearon los músculos y el vigor del hombre. Esto hicieron los Progenitores, Tepeu y Gucumatz, así llamados. A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados. Los hombres que fueron creados fueron cuatro: Balam-Quitze, Balam-Acab, Mahucutah y Iqui-Balam.

No obstante fue en la cuarta intervención divina y aún sin estar finalizada cuando el mito cobra fuerza, los infiernos se hacen presentes y tentarán contra el hombre aún con un cuerpo incompleto. Nos centraremos en la historia de Ixmucané, nombrada anteriormente, la cual se unió a Ixpiyacoc y tuvieron dos hijos varones: Hun- Hunahpu y Vucub-Hunapu. Vucub- Hunapu permaneció soltero y no tuvo hijos. En cambio, su hermano Hun Hunapu se casó con Ixbaquiyalo y a su vez tuvieron dos hijos también varones: Hunbatz y Hunchouen. Los hermanos Hun Hunapu y Vucub Hunapu se llevaban muy bien. Les gustaba jugar a los dados y con los hijos de Hun Hunapu jugaban por equipos al juego de pelota. La pelota era de caucho y los jugadores utilizaban muchos ornamentos y protecciones.
Un día habiendo ido a jugar a la pelota ambos hermanos en el camino de Xibalbá, los oyeron sus señores.
-¿Qué están haciendo sobre la tierra?¿Quiénes son aquellos que la hacen temblar y hacen tanto ruido? ¡Que vayan a llamarlos! ¡Que vengan inmediatamente a jugar aquí a la pelota, donde los venceremos! Ya no somos respetados por ellos, ya no tienen consideración ni miedo a nuestra categoría, y hasta se ponen a pelear sobre nuestras cabezas-. Dijeron con odio todos los de Xibalbá.  Se trataba aquella de  mundo subterráneo, un infierno en sí mismo. Los señores que habitaban ese mundo eran todos demonios amigos de la sangre, las desgracias y la muerte.
Tras reunirse el consejo, los cuatro búhos que les servían partieron con el mensaje. Sorprendidos ante tal pedido, los hermanos se equiparon para el envite, no sin antes ir a casa de Hun Hunapu, para advertir a sus hijos de que debían permanecer en casa con sus quehaceres cotidianos cuidando de su abuela. Tras esto partieron a su destino, ante ellos se desplegó un camino plagado de peligros y trampas, que sortearon con mayor o menor dificultad, sin embargo, fue tras cruzar el gran río de sangre, cuando encontraron ante sí cuatro caminos que bifurcaba el recorrido, teniendo para cada uno de ellos un color en concreto: rojo, negro, blanco y amarillo. Sin saber lo que hacer, la decisión a tomar, una voz tomó partido, ordenándoles seguir la oscuridad eterna en la noche en la travesía negra. Los hermanos de este modo se adentraron en Xibalbá donde al llegar con grades reverencias se presentaron a sus señores, recibiendo por parte de ellos burlas y vejaciones. Los señores se divertían viendo sufrir a los hermanos. Más tarde les dijeron: -Vayan a descansar a casa de la oscuridad-. Allí dentro no se veía nada. Al entrar les dieron un cigarro y una raja de ocote (especie de pino que se utilizaba para hacer fuego) encendida para que los alumbrara. Advirtiéndoles que debían devolverlos sin consumir al amanecer, marcharon. Lógicamente el ocote se consumió del mismo modo que el cigarro.
Sin lugar a dudas los hermanos habían sido traicionados por los señores, que al día siguiente tras preguntarle por el ocote y cigarro entraron en cólera y los asesinaron.
Mataron a los hermanos y antes de enterrarlos juntos, le cortaron la cabeza a Hun-Hunahpu y ordenaron a sus sirvientes colocarla entre el follaje de un árbol sembrado en Puchal-Cha. Cuando los sirvientes colocaron la cabeza de Hun-Hunapu en el árbol, este fructificó al instante provocando la admiración de todos los señores de Xibalbá. La cabeza no se diferenciaba de los otros frutos del árbol sino que parecía un fruto más.
Los señores, sorprendidos, prohibieron que alma alguna tomara fruta de ese árbol, y mucho menos para comerla. El árbol se llamó jícaro.

       La doncella Ixquic, pronto empezó a escuchar los rumores que se extendían por Xibalbá, advirtió el gran desconcierto que se generalizaba por la ciudad. De esta guisa, decidió ir a ver al árbol y probar el fruto, se dirigió al sembrado de Puchal- Cha. Al pie del árbol lo contempló maravillada. De repente, sin previo aviso, uno de los frutos comenzó a hablar viendo que la joven estaba decidida a tomar para sí una de aquellas piezas prohibitivas.- ¿Qué quieres? Los objetos que cuelgan del árbol no son frutos, son cabezas, ¿Todavía los deseas comer?-. Se trataba del fruto creado gracias a la cabeza de Hum-Hunapú. Viendo la respuesta afirmativa por parte de ella, le pidió que extendiera su brazo. Así lo hizo, podía sentir el tacto con la fruta, a la hora de agarrarla, percatándose que algo le había salpicado. Rápidamente retiró la mano asqueada pudiendo obsevar como se diluía en su palma aquel compuesto. El fruto volviendo a hablar le comentó que había recibido su herencia y que de aquel modo podría escapar hacia la superficie donde viviría para siempre. Haciendo caso omiso, se retiró a su casa, donde pasó los siguientes seis meses. No tardaría en darse cuenta su padre de que su hija se encontraba en cinta. Apenado y asqueado por el engaño de su hija, pidió consejo con los demás señores de Xibalbá, donde se dictaminó que la doncella debía ser sacrificada y que durante el proceso debía ser extraído su corazón y entregado a ellos, de este modo quedaría levantado el castigo que recaería sobre ellos. Para el encargo mandaron a los búhos. Provistos de un cuchillo afilado y una jícara fueron a cumplir con su cometido. Ixquic, a su llegada, utilizó toda su sapiencia consiguiendo que se apiadaran de ella. Les hizo recoger el producto de un árbol que cayó en la jícara y pronto se convirtió en una bola roja resplandeciente que tomó la forma de corazón hecho con la savia de aquél árbol semejante a la sangre. Una vez engañados los señores, los búhos huyeron junto con Ixquic a la superficie.

Asustada, se dirigió a la casa de la madre de Hun-Hunapu, su suegra. Al llegar se presentó como su nuera, pero su suegra la echó acusándola de intrusa porque sabía que sus hijos estaban muertos. Ixquic le dio todas las explicaciones y a regañadientes terminó por aceptarla y la envió al campo con una bolsa a cosechar maíz.
Al llegar al campo que llamaban milpa Ixquic vio que solo había una planta. Se angustió al ver que no podría llenar la bolsa y en su desesperación invocó al dios de la comida para que la ayudase. De la planta solo tomó las barbas y los pelos rojos de las mazorcas, pero sin cortar las mazorcas de maíz. Regresó a la casa y los animales del campo la ayudaron a cargar la bolsa llena de maíz. La anciana suegra le preguntó de donde había obtenido esa cantidad de maíz, ya que sabía que solo había una planta.-De la milpa-. Respondió Ixquic. La anciana salió corriendo al campo y comprobó que la única planta seguía en su lugar. Asombrada por tal prodigio, regresó veloz a su casa y emocionada abrazó a su nuera, diciéndole:- Verdaderamente eres la hija que estaba esperando, la bolsa de maíz es la prueba fehaciente de ello.

De este modo habiéndose ganado la confianza de su suegra dio a luz a sus hijos Hunahpú e Ixbalanqué. Crecieron fuertes, aunque no muy sanos. No obstante lo más preocupante era el odio que sus casi hermanos les profesaban, querían ver a Hunahpú e Ixbalanqué muertos. Sin embargo, ocurrió un día estando de caza los gemelos volvieron a casa sin presa alguna, cuando se les preguntó dijeron que aquellos pájaros que habían cazado se habían quedado en las copas de los árboles. La abuela escuchando esto pidió a los otros dos que ayudaran a bajar a sus “hermanos” las presas, pues sin ellas no habría nada para comer. Así hicieron, pero algo mágico sucedería cuando en mitad de la escalada el árbol, mágicamente, empezó a crecer, fue por ello que pidieron ayuda a Hunahpú e Ixbalanqué. Estos hicieron que aquellos se quitasen la ropa, hicieran nudos con ellas y las lanzaran a bajo para poder subir rápidamente por el follaje. Sin lugar a actuar, una vez realizado esto, los dos hermanos, se convirtieron en monos. Hunahpú e Ixbalanqué, interpretaron esto como una señal de los dioses por el odio que les habían profesado, nunca más volverían a saber de ellos.

Tras esto, los chicos se dedicaban a cortar la maleza que pudiera encontrarse en sus campos. Pero pronto se dieron cuenta que por arte de magia el hacha y la azada realizaban el trabajo por sí solas. Es por eso que ambos se dedicaban en su tiempo a otros menesteres, aunque a la hora de regresar a casa para pasar desapercibidos ensuciaban sus ropas. De este modo su secreto estaría a salvo. En cambio, percibieron que a las mañanas siguientes tras realizar su supuesta tarea, el campo volvía a tener grandes hierbajos, por lo que estaban realmente sorprendidos. Pronto se percatarían que eran los guardianes de la tierra los que hacían que estos crecieran con mayor velocidad a la normal. Decidieron dar caza a alguna de las alimañas, las cuales eran muy escurridizas y huían por doquier. Finalmente consiguieron atrapar a un pequeño ratón, al cual interrogaron, por el motivo que les llevaba a actuar de esa forma. Este, le contó el secreto que guardaban su abuela y madre, y como habían muerto su padre y su tío. Al conocer la historia, ambos hermanos decidieron sacar los instrumentos que antaño utilizara su padre para jugar al balón, de este modo empezaron a entrenarse a escondidas de su abuela.
El ruido no tardó en llegar a Xibalbá y los señores, mandaron una vez más un mensaje para entrevistarse con aquellas personas tan odiosas y dar fin al estruendo que montaban. El mensaje fue a parar a la abuela, que apenada por lo que significaba no tenía fuerza alguna para ir a entregarles el recado. Viendo esta pasar un piojo, le ofreció a este el comunicado, que gustoso lo recibió y fue a llevarlo. Al ser de tan pequeño tamaño no recorría a una gran velocidad la larga distancia que los separaba, cuando en su camino un sapo se interpuso. Tras un breve dialogo, este decidió ayudar al piojo, que de un salto se metió en la boca del sapo que lo engulló y alegremente siguió su camino. Saltarín avanzaba a más velocidad que su amigo piojo, pero estaba claro que no bastaba, teniendo la suerte de encontrarse con una culebra a la que comentó su cometido, y la cual se ofreció a continuar. Tras engullir al sapo, reptando durante largos kilómetros cayó rendida. Un gavilán que por allí pasaba observó tan sabroso manjar, pero cuando supo del cometido que tenía se dispuso a colaborar, una vez más, la bicha fue merendada por el gran pájaro que veloz voló por el cielo.
 Hunahpú e Ixbalanqué al ver al gavilán tomaron sus cerbatanas y lo hirieron en un ojo. Cuando cayó herido los hermanos le preguntaron que hacía en ese lugar y el gavilán les dijo que traía un mensaje en el vientre para ellos, pero se los daría si lo curaban. Los muchachos curaron al gavilán y este vomitó a la culebra, que a su vez vomitó al sapo. Tras unos intentos lograron sacar al pobre piojo del estómago del anfibio, el cual les informó de la situación. Rápidamente se dirigieron a casa para tomar sus cosas y partir. Antes de que sucediera, le hicieron una promesa a su abuela, clavaron dos cañas, y les dijeron que con solo observarlas sabría si seguían o no con vida. Esa cuestión era fácil pues, si florecía ellos vivirían y si se secaba querría decir que habían fallecido.
            Sortearon al igual que sus padres toda clase de peligros, y al llegar a la encrucijada, pararon, tomaron una mosca y le encomendaron la misión de ir a Xibalbá y picar a toda persona que viviera en ese agreste lugar. Así lo hizo, pico a varias de las que no obtuvo respuesta, pues se trataban de hombres de madera. Pero tras picar a la gran mayoría estos gritaban por el pinchazo que les provocaba la picadura y otros nombrándoles por su nombre, les preguntaban por lo que le pudiera pasar. Así fue como el mosquito se enteró de todos los nombres de los señores: Hum- Camé, Vucub-Camé, Xiquiripat, Cuchumaquic, Ahalpuh, Ahalcaná, Chamiabac, Chamiaholom, Quicxic, Patán, Quicré y Quicrixcac.
            Una vez enterados los hermanos, retomaron el sendero y llegaron a Xibalbá, presentándose ante ellos la comitiva, sin tiempo a presentaciones, adivinaron los nombres de cada uno de los presentes, cosa que atemorizó y sorprendió a partes iguales a la plebe. Dispuestos a repetir el engaño, les invitaron a descansar en la casa de la oscuridad, les hicieron entrega del cigarro y las rajas de pino encendidas, advirtiéndoles que debían devolverlas intactas a la mañana siguiente. Los hermanos, apagaron por supuesto las mechas y ayudándose de luciérnagas lograron sobrevivir el tiempo suficiente. Al día siguiente, los señores estaban cariacontecidos por lo sucedido, no podían explicarse como habían podido traer de vuelta intacto el instrumental para dar luz.



             Se sobrepusieron al golpe, y decidieron dar comienzo al partido para el que se les había citado, pero decidieron establecer sus reglas y utilizaron para esto el balón de Xibalbá. Pronto se darían cuenta Hunahpú e Ixbalanqué, que la bola estaba encantada y que sin necesidad de golpearla se dirigía hacia su aro. Los Xibalbá se adelantaron en el marcador, fue entonces cuando ambos hermanos viendo la trampa decidieron dejar todo y volver a su casa si no se jugaba con su balón. Ante la perspectiva de huida por parte de los hermanos, accedieron. Ambos se trataban de jugadores muy experimentados, la herencia de su padre corría por sus venas y así lo demostraron, justo cuando el partido llegaba a su final anotaron quedando en tablas el partido.
            De esta manera, desesperados, recurrieron a numerosas triquiñuelas para darles muerte, sin premio alguno, pues si algo caracterizaba a aquellos chicos era su astucia. Casa con navajas, una recogida de flores “imposible”, casas del frío, del fuego y de los tigres, todas y cada una las pruebas iban siendo sorteadas, por los perspicaces hermanos. Sin embargo, la última antes de que se reiniciara la vuelta del partido, no la consiguió pasar Hunahpú, había sido decapitado.
            Los señores estaban felices por la mala suerte de Hunahpú y corrieron a colgar la cabeza sobre el anillo del juego de pelota. Ixbalanqué convocó por la noche a todos los animales, grandes y pequeños. Cuando llegó la tortuga, se colocó en el extremo del cuerpo muerto de Hunahpú y tomó la forma de su cabeza.Vinieron los sabios del cielo y entre todos le hicieron la cara y hasta pudo hablar. Comenzando al amanecer su existencia. Pero, para que Hunahpú pudiera revivir debían colocar su verdadera cabeza sobre el cuerpo, que ahora estaba sobre el juego de pelota. Para esto, Ixbalanqué le dijo a un conejo que se escondiera en un encinal y cuando le arrojara la pelota saliera corriendo. El conejo hizo lo que Ixbalanqué le ordenó. Pronto llegaron los señores de Xibalbá para jugar a la pelota. Se reían pensando que habían triunfado sobre los hermanos. Cuando los señores de Xibalbá arrojaron la pelota, Ixbalanqué le salió al encuentro y rebotando la lanzó hacia el encinal. Cuando el conejo salió corriendo, los señores corrieron detrás de él. Allí aprovechó Ixbalanque la distracción de los señores para bajar la cabeza de Hunahpú, colocarla en su cuerpo y reemplazar la cabeza verdadera por la tortuga. Cuando los señores de Xibalbá volvieron al juego no podían creer lo que veían: estaban los dos hermanos en el campo de juego. Luego Ixbalanqué le arrojó la pelota a la cabeza de tortuga y esta cayó en mil pedazos delante de los señores.
            Sabiendo los hermanos que definitivamente tras esta afrenta iban a ser asesinados, inician los preparativos pertinentes para pasar a un estadio superior al humano. Hacen llamar a los sabios Zulú y Pacam, los cuales les predicen su destino, morir en las hogueras que los señores de Xibalbá estaban preparando en ese preciso instante, pero del mismo modo advierten que no morirán. Los hermanos entonces les hacen saber a los sabios aquello que deberían de conocer los Xibalbá, anunciando que una vez ellos fallecieran deberían moler bien sus propios huesos y verterlos en el río, del mismo modo que la harina de maíz.
            Sucedió como predijeron los sabios, y tras morir quemados, los señores mandaron llamar a Zulú y Pacam, para no cometer el error que cometieron con el padre de los gemelos. Lo que no podían pensar es que estos sobornados por el encanto de los hermanos, le trasladaría el mensaje que poco antes les habían proporcionado. En consecuencia actuaron, quebraron sus huesos, y lo molieron para más tarde tirarlos al río.

            El polvo recorrió gran parte del  rio, pero cuando tocó suelo del lecho surgieron dos hermosos muchachos y cuando se manifestaron nuevamente tenían el mismo cuerpo y el mismo rostro que Hunahpú e Ixbalanqué.

            A partir del quinto día se dejaron ver, y realizaron numerosas fechorías, quemaron casas, mataron a personas, e incluso se asesinaban el uno al otro. Pero Hunahpú e Ixbalanqué ya no pertenecía al género de lo humano, así que cuando todas estas atrocidades las daban por finalizadas las volvían a su estado originario.
            Pronto la noticia de estos muchachos llegó a oídos de los señores de Xibalbá y ellos mandaron a sus mensajeros a buscarlos para ver de que se trataba. Cuando los chicos llegaron a la ciudad se humillaron ante los señores e hicieron numerosas reverencias ante ellos. Asombrados, preguntaron por el lugar de origen, su padre y sus nombres, pero ninguna respuesta fue dada ante las cuestiones vertidas.
            Los señores les pidieron que bailaran y cantaran y más tarde quisieron ver los prodigios que hacían. Primero les pidieron que incendiaran una casa y luego la restituyeran sin daño alguno y así los hicieron. Luego les pidieron que despedazaran a un perro y luego lo resucitaran y así lo hicieron. Más tarde les pidieron que mataran a un hombre y lo resucitaran. Los hermanos escogieron a un hombre, lo mataron, le arrancaron el corazón y luego lo resucitaron. Los señores estaban asombrados de ver esos prodigios. Luego les pidieron que se sacrificaran uno a otro y luego resucitaran. Hunahpú fue sacrificado por Ixbalanqué, le arrancó el corazón y separó cada uno de sus miembros. Y luego lo resucitó.
            En realidad tan esperpento espectáculo alegraba el corazón de  Hum-Cané y Vucub-Camé, los más malvados de los señores, se hacían llamar jefe y grandes señores de Xibalbá, eran sus auténticos reyes. Las macabras escenas los excitaban y se sentían como si bailaran junto a ellos. Sus corazones se llenaron en seguida de deseo de experimentar el prodigio en sus propias carnes. Con un estallido de locura se precipitaron encima de los chicos, y con gritos excéntricos dijeron:- ¡Haced lo mismo con nosotros! ¡Sacrificadnos! ¡Despedazadnos uno por uno! ¡Y, luego por la gracia que os ha sido dada resucitadnos!-. De este modo los hermanos procedieron, solo que, una vez muertos ambos, no los resucitaron. El resto de los señores y sus vasallos muertos de espanto escaparon a esconderse cerca de un barranco, en un hondo precipicio, pero llegaron las hormigas y los desalojaron. De esta manera fueron descubiertos. Con un poder inigualable hablaron y el pueblo se estremeció al conocer sus verdaderos nombres. Al instante cayeron de rodillas todos los de Xibalbá, implorando piedad. Los hermanos dictaminaron sentencia:
-Puesto que ya no existe vuestro gran poder ni vuestra estirpe, y tampoco merecéis misericordia, será rebajada la condición de vuestra sangre. No será para vosotros el juego de pelota. Solamente os ocuparéis de hacer cacharros, apastes y piedras de moler maíz. Sólo los hijos de las malezas y del desierto hablarán con vosotros. Los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados no os pertenecerán y se alejarán de vuestra presencia. Los pecadores, los malos, los tristes, los desventurados, los que se entregan al vicio, ésos son los que os acogerán. Ya no os apoderaréis repentinamente de los hombres, y tened presente la humildad de vuestra sangre-. Así les dijeron a todos los de Xibalbá. De esta manera comenzó su destrucción y comenzaron sus lamentos. No era mucho su poder antiguamente. Sólo les gustaba hacer el mal a los hombres en aquel tiempo. En verdad no tenían antaño la condición de dioses. Además, sus caras horribles causaban espanto. Eran los enemigos, los Búhos. Incitaban al mal, al pecado y a la discordia. Eran también falsos de corazón, negros y blancos a la vez, envidiosos y tiranos, según contaban. Además, se pintaban y untaban la cara. 



Así, fue, pues, la pérdida de su grandeza y la decadencia de su imperio. 
Y esto fue lo que hicieron Hunahpú e Ixbalanqué.

Mientras tanto la abuela lloraba y se lamentaba frente a las cañas que ellos habían dejado sembradas. Las cañas retoñaron, luego se secaron cuando los quemaron en la hoguera; después retoñaron otra vez. Entonces la abuela encendió el fuego y quemó copal ante las cañas en memoria de sus nietos. Y el corazón de su abuela se llenó de alegría cuando por segunda vez, retoñaron las cañas. Entonces fueron adoradas por la abuela y ésta las llamó el Centro de la Casa, Nicah (el centro) se llamaron. 

Ahora bien, sus padres, los que murieron antiguamente, fueron Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú. Ellos vieron también las caras de sus padres allá en Xibalbá y sus padres hablaron con sus descendientes, los que vencieron a los de Xibalbá. Y he aquí cómo fueron honrados sus padres por ellos. Honraron a Vucub Hunahpú; fueron a honrarlo al Sacrificadero del juego de pelota. Y asimismo quisieron hacerle la cara. Buscaron allí todo su ser, la boca, la nariz, los ojos. Encontraron su cuerpo, pero muy poco pudieron hacer. No pronunció su nombre Hunahpú. Ni pudo decirlo su boca. Y he aquí cómo ensalzaron la memoria de sus padres, a quienes habían dejado y dejaron allá en el Sacrificadero del juego de pelota: -Vosotros seréis invocados-, les dijeron sus hijos, cuando se fortaleció sus corazones  -Seréis los primeros en levantaros y seréis adorados los primeros por los hijos esclarecidos, por los vasallos civilizados. Vuestros nombres no se perderán. ¡Así será!-, dijeron a su padre y se consolaron sus corazones -Nosotros somos los vengadores de vuestra muerte, de las penas y dolores que os causaron-.

Luego subieron en medio de la luz o corazón del cielo y al instante se elevaron hacia él. Al uno le tocó el sol y al otro la luna. Entonces se iluminó la bóveda del cielo y la faz de la tierra. Y ellos moran en el cielo. 

De este modo por vez primera se sucedieron los días y las noches y fue entonces cuando lo dioses de la creación; Tepeu y Gucumatz, terminaron su trabajo.

De este modo comenzaría la prosperidad del pueblo Maya que duraría un par de milenios, otras muchas cosas pueden narrarse, y en el  Popol Vuh, así se cuenta, pero quizás amigos míos lo dejemos para otra ocasión, os espero en tan solo unas horas en la segunda parte de esta magnífica civilización, desentrañando los enigmas Mayas.

Continúa en Poder y Sangre

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