Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

jueves, 17 de octubre de 2013

Más allá de la Vida: Estudios e Historia de las ECM

       
            “Una nueva idea primero es condenada como ridícula y luego descartada como trivial, hasta que finalmente se convierte en algo que todo el mundo conoce.” William James.

Desde los albores del tiempo el ser humano se ha ido haciendo preguntas ante el misterio incansable de la vida. Quizás el salto definitivo en nuestra evolución y lo que nos ha llevado a la humanización ha sido nuestro culto y respeto ante la muerte.
En la actualidad este culto es llevado a hasta el extremo de adorar a la propia muerte como en países de América del Sur.
Sin embargo, todos coincidimos en algo, se trata de una cuestión, una pregunta, que puede que estemos a las puertas de contestar, ¿existe vida tras la muerte?


A finales del siglo XV o quizás principios del XVI encontraremos un enigma que hoy en día puede ayudarnos a realizar la propia pesquisa de la muerte.
Jeroen Anthoniszoon van Aeken, conocido como El Bosco o Jerónimo Bosch (Bolduque, h. 1450 - agosto de 1516), realizaría un trabajo que hoy en día podemos contemplar en el Palacio Ducal de Venecia.
Se trata de un tema de 4 postigos, realizado y ejecutado en óleo sobre tabla, con unas medidas que compone cada uno de ellos de 87 cm de alto por 40 cm de ancho.
Los temas son cuatro, aunque el que nos atañe es aquel que se ha nombrado como “La Ascensión al Empíreo”. Nos hipnotiza esa luz que en la lejanía tendrá que atravesar los seres que habitan en el cuadro acompañados de cuerpos angelicales, para definitivamente fundirse con la divinidad.

Los otros 3 temas son los siguientes:

·         El Paraíso terrenal.

·         La Caída de los condenados.

·         El Infierno.

Todos componen la que se ha dado llamar “Visión del Más Allá”.



Para muchos es la mayor evidencia de que las llamadas ECM o Experiencias Cercanas a la Muerte, vienen dándose desde que el hombre es hombre.
En las distintas religiones del mundo se pueden encontrar relatos parecidos, similares a los que hoy en día personas de todo el mundo relatan a sus allegados y a la ciencia que se encarga de estudiarlos en profundidad.
Uno de los más singulares el libro tibetano de los muertos, el Bardo Thodol, el cual narra la transformación que se sufre al morir en el paso del plano físico al espiritual.
Es probable que el gran avance técnico y médico haya propiciado que el número de personas que dicen haber tenido una ECM se haya disparado hasta límites antes insospechados. De hecho la definición de muerte ha ido cambiando conforme el ser humano pulía su habilidad para esquivar a la misma.
Hoy en día se diferencia entre muerte clínica y muerte biológica. La primera, es aquella en la que desaparecen toda señal de vida, como puede ser el pulso o la respiración, pero esta, puede ser reversible si se toman las medidas correspondientes, impidiendo de esta manera la muerte biológica, la cuál no se puede cambiar o lo que es lo mismo, es físicamente irreversible.
La muerte clínica o aparente, consiste en la detención del latido cardíaco y de la respiración sin que se produzcan lesiones en las células cerebrales. Cuando las lesiones se producen de un modo irreversible en el cerebro, hablamos de muerte real o muerte biológica. La muerte biológica viene determinada por la producción de lesiones cerebrales irreversibles, que hacen imposible la recuperación de la respiración y el pulso. Este último hecho sobreviene si no es posible de remediar la parada cardíaca en un tiempo que va de los 4 a 15 min.
Pese a todo, los grandes avances que se están logrando hacer, hacen que cada vez podamos recuperar a mayor número de personas clínicamente muertas en mayores duraciones.
Sam Parnia, profesor asistente de medicina de cuidados críticos en la Universidad Estatal de Nueva York, (donde dirige el proyecto de investigación “Resurrección” (Resuscitation Research)) y miembro de la unidad de medicina pulmonar y cuidados críticos de la Universidad de Cornell en Nueva York, ha tenido entre sus manos “pacientes” que llevaban clínicamente muertos horas y gracias a su destreza, y constante investigación, logró traer de nuevo al mundo.
Su técnica de resurrección ha hecho que de cada 3 pacientes que entran en parada cardiorrespiratoria uno salga con vida.

           “Yo creo que cualquier persona que muere por algo que es reversible no debería morir. En otras palabras, ninguna víctima de un ataque al corazón debería morir más. Un ataque al corazón en sí mismo es relativamente fácil de tratar. Si consigues controlar el proceso post mortem, es posible intervenir al paciente, hacer una desobstrucción, colocar un stent y el corazón está listo para volver al trabajo, en la mayoría de los casos.”
           “Y lo mismo ocurre con las infecciones o neumonía, entro otras cosas. Las personas que no responden a los antibióticos a tiempo … podemos mantenerlas por un período más largo (después de su muerte) hasta que el organismo empiece a responder”.

Su técnica de resurrección es tan avanzada que los conocidos desfibriladores serían a su lado, un elemento casi arcaico, del pasado.

          “Si hay una cosa cierta es que todos vamos a tener un paro cardíaco. Los médicos intentan una reanimación durante 20 minutos y desisten porque existe esta idea de que después de este tiempo el cerebro ya no responde de la misma manera y nadie quiere traer a una persona a la vida sólo para hacerla vegetativa. Pero muchas cosas han cambiado en los últimos 5 años, como la congelación drástica del cuerpo y la vigilancia y el mantenimiento de los niveles de oxigenación del cerebro. Las horas siguientes a la muerte son las más importantes de nuestras vidas.”

Gracias a tales avances, en Japón, ya se utiliza una técnica de primeros auxilios llamada ECMO, Oxigenación por Membrana Extracorpórea, una máquina que bombea la sangre a todo el cuerpo del paciente que fallecido, inyecta oxígeno y devuelve.
 Según el propio Parmia:

           “El caso más largo del que he escuchado es el de una joven japonesa que había muerto por tres horas, luego la sometieron a 6 horas de resucitación y volvió a la vida en perfectas condiciones. Incluso tuvo un bebé recientemente.”

La ciencia ha avanzado a unos niveles inimaginables, en tan sólo una década. Imagínense los procesos utilizados en la antigüedad para resucitar a alguien, o lo que quizás sea más drástico y triste, los métodos para comprobar la muerte del individuo.
Si la técnica de resurrección ha evolucionado, aquella encargada de decirnos en qué estado vital se encuentra el individuo no ha sido menos, veamos unos casos:

·         Técnica de la Vela: Consistía en poner una vela en los orificios nasales y observar la respiración. En la antigüedad era muy utilizado en pacientes que podían sufrir catalepsia, accidente nervioso repentino, de índole histérica, que suspende las sensaciones e inmoviliza el cuerpo en cualquier postura en que se le coloque.

·         Técnica del Espejo: Parecida a la anterior, se trataba de observar el posible vaho que pudiera emerger del cuerpo, en concreto de la respiración del sujeto.

·         Técnica de la Sanguijuela: Aunque desde los griegos y romanos siempre se utilizó para fines terapéuticos, se popularizó definitivamente entre los siglos XVIII y XIX. Este particular y en ocasiones repudiado anélido, animal invertebrado protóstomo de aspecto vermiforme y cuerpo segmentado en anillos, sólo absorbe sangre de personas vivas.

·         Pulso Radial: Gracias a la presión que hacemos con el dedo índice y los anulares, podemos dictaminar el pulso, es decir, empuje rítmico de la sangre en el corazón seguido por un nuevo llenado de la cámara cardíaca.

·         Auscultación: Una de las técnicas más sencillas que se pueden llevar a cabo, sólo y gracias a nuestro oído.

·         Electrocardiogramas: Aparecidos a principios de siglo XX  recoge la actividad eléctrica de nuestro corazón.

·         Electroencefalograma: En la década de los 20 del pasado siglo aparecerían por primera vez. En ella se recogen una serie de ondas procedentes del cerebro, cada uno de las cuales nos indicaría en qué estado se encuentra, es decir, si está despierto, dormido, etc… Si no se emite ninguna onda se dice que se encuentra en encefalograma plano y la muerte biológica, como anteriormente hemos dicho, se constataría.

Tras este repaso y tras ver técnicas que se han empleado durante cientos de años y en algunos casos milenios, y comprobando lo difícil que es definir la muerte, nos preguntaremos, ¿cuántos vivos habrán sido enterrados? Al respecto, diré, aunque será tema para tratarlo en otra ocasión, que no sería la primera vez que tras exhumar un cadáver y abrir su ataúd, este, ha sido golpeado, arañado hasta la extenuación, incluso llegado el caso, el individuo tenía graves daños en sus extremidades.
 Uno de los relatos de los que hemos podido saber, es aquel en el que una mujer, con vida, enterrada, dio a luz, para luego ambos, madre e hijo fundirse en las tinieblas.
Gracias a “Dios”, la ciencia ha avanzado hasta tal extremo que ahora no sólo no deberían ocurrir tales hechos, sino que, como hemos comprobado, muchos son simplemente “resucitados”.

Los casos sobre estudios de las ECM se remontan a final del XIX y principios del XX, cuando William Barret, (1845-1926) miembro de la Royal Society, la Sociedad Filosófica, Real Sociedad de Literatura, así como miembro del Instituto de Ingenieros Eléctricos y de la Real Academia Irlandesa, publicó “Visiones en el Lecho de Muerte”.
Barret se interesaría en este tema debido al oficio que su esposa desempeñaba, cirujana obstetra. Una noche esta llegaría a casa y le contaría lo ocurrido durante un parto, en el que la madre fallecería minutos más tarde tras dar a luz. Exaltada, al parecer entre sus últimos alientos relataba la visión de un mundo maravilloso, y para colmo, poco antes del hecho fatal, relataría para sorpresa de los doctores la presencia de su hermana, junto a su padre, cabe destacar que la hermana de Doris, que así se llamaba la mujer, había fallecido tres semanas antes.
Tras este suceso Barret recogería numerosos testimonios de la misma índole.

Cabe destacar tres interesantes conclusiones a las que llegó:

·         En muchas ocasiones a la hora de sobrevenir la muerte, las personas ven a un amigo o familiar a su lado de los cuales ellos pensaban que vivían.

·         En todos los casos, cuando se comprobó, la persona que ellos vieron, había muerto tiempo antes que el sujeto en cuestión.

·         Niños moribundos frecuentemente expresan sorpresa porque los ángeles que ellos ven esperándolos no tienen alas.

William daría el pistoletazo de salida a uno de los estudios más controvertidos de  todos los tiempos.
Pasarían varias décadas sin que nadie se interesara por dichos estudios y conclusiones, hasta comienzo de la década de los 60. Por aquel entonces el Dr. Karlis Osis, de la Sociedad Americana para la Investigación Psíquica, realizaría un estudio piloto sobre el libro de Barret que confirmaría las conclusiones a las que había llegado este.
A pesar de todo, tuvo que transcurrir otros 15 años para, que de nuevo, resurgiera para no volver a olvidarse la investigación acerca de las ECM. Raymond Moody sería el encargado de ello. Este médico psiquiatra y licenciado en filosofía estudiaría de hasta 150 casos típicos de las ECM, y gracias a eso él mismo redactaría el patrón seguido por la muerte:

1.      Primeramente la persona escucha que es declarada como muerta.

2.      Escucha un zumbido intenso o una especie de campanilleo.

3.      Tiene una sensación extracorpórea, se ve a sí mismo y puede merodear por la estancia viendo y escuchando todo lo que acontece a su alrededor.

4.      Ve un túnel largo y oscuro.

5.      Se encuentra con algún familiar o conocido ya fallecido.

6.      Se produce un diálogo no hablado. ¿Telepático?

7.      Encuentro con la “Luz”.

8.      Revisión de la vida, el tiempo deja de existir, las horas son segundos y viceversa.

9.      Ser consciente de que no ha muerto y tiene que volver.

10.  Aversión a la idea de volver.

A raíz del exhaustivo estudio se desata la locura entre los detractores, por aquellos años la gran mayoría, y los defensores de Moody. Algunos llegan a tacharlo de iluminado, fantasioso y sobre todas las cosas, exagerado.
Por aquel entonces había sido creado la droga semisintética psicodélica denominada LSD, y algunos que estudiaban sus efectos hacen ver que parte de las ECM pueden ser reproducidas tras tomar esta potente droga. El punto flojo de esta teoría es las pequeñas partes que se reproducen y que las experiencias, lejos de ser de alguna manera maravillosa, en la mayoría de los casos transmiten experiencias de una negatividad fatal.
Otros empiezan a experimentar con estimuladores de los lóbulos Temporales y Parietales. Poniendo en juego en los sujetos estados alterados de conciencia, en los que perciben o creen percibir presencias ajenas a ellos mismos. (Para saber más, leer: Un Paseo por la Realidad: Universo vs Cerebro)
En otros campos, se achaca la presencia del túnel al fenómeno de la hipoxia, donde el cerebro queda privado de suministro de oxígeno. Según aquellos que se atienen a esta hipótesis, al faltar oxígeno en el cerebro, las imágenes se van perdiendo poco a poco, las células nerviosas mueren, las pupilas se dilatan y al cerrar los párpados se puede observar el denominado efecto túnel.
Por otra parte, debido a esa falta de oxígeno, el monóxido de carbono subiría en grandes proporciones, lo que generaría las alucinaciones que luego, en teoría describen aquellos que han tenido una ECM.

Los defensores de las ECM, ante esta propuesta arguyen, que aunque el efecto túnel pueda ser debido a eso, en ningún momento el monóxido de carbono provocaría unas alucinaciones que luego los paciente pudieran recordar, ya que como bien dicen, la elevada cantidad de este tóxico gas haría que poco a poco perdiera la conciencia y todo quedara en un caos de imágenes y recuerdos inconexos. En cambio, aquellos que han “vuelto a la vida”, nos cuentan historias de hiperrealidad, es decir, cuando ellos “vuelven” es como si volvieran a un estado menos real de consciencia en el que se hubieron encontrado en la semimuerte.

Nada está probado, y aunque algunas pequeñas partes inconexas parecen tener una explicación lógica el todo aún nos queda lejos, muy lejos.

Tras Moody, como hemos dicho todo cobró una dimensión que hasta los años 70 no había tenido, arrastrando a numerosos científicos de distintas ramas, desde médicos de guardia a psicólogos, en busca de la verdad, de una respuesta que incluso ahora se nos antoja difícil de encontrar a la pregunta más significativa que se haya planteado el hombre a día de hoy, ¿existe vida tras la muerte?

A continuación unos ejemplos de investigadores y sus libros:

·         Elisabeth Kübler Ross (Zúrich, 8 de julio de 1926 - Scottsdale, Arizona, 24 de agosto de 2004) fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos. Sus libros más importantes son:

o   La vida en el amanecer.

o   La rueda de la vida.

·         Robert S. Bobrow médico y profesor clínico, en su obra “El médico perplejo, relata casos que la ciencia no ha sabido explicar.

·         Enrique Vila, fallecido el 29 de Diciembre de 2007, era especialista en Microbiología y Medicina preventiva, siendo jefe del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Virgen Macarena en Sevilla, nos dejó los títulos:

o   Yo vi la Luz: con prólogo de JJ. Benítez.

o   Los viajeros de la mente.

·         Sergio Peña Lillo, Psiquiatra chileno, profesor de la Universidad de Chile, nos narra desde su punto de vista esta experiencia en: Las experiencias del Túnel y el Bardo.

·         José Miguel Gaona, doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid, con master en Psicología Médica, investiga estos temas en su libro: Al otro lado del Túnel.

Lógicamente, todos pueden tener su punto de vista, pero no deja de ser curioso, que incluso los más escépticos han quedado atrapado cual insecto en la tela de araña de su presa, una vez dentro no pueden escapar de su influjo, y siguen sin cesar buscando respuestas que aún hoy persiguen.
Muchos de ellos siguen en este camino, pues, las ECM no sólo se limitan a personas con una edad considerable, sino que los estudios demuestran que se extiende a toda la población, sea cual sea su condición social, edad, económica, religión, etc… Y quizás el dato que les anima, es la edad, pues los niños son portadores de una información muy jugosa, tanto como es la poca influencia que a edades de 4-5 años pueden tener de la cultura y costumbres que a través de su círculo cercano les pueda llegar.
Gracias a estos datos, podemos saber que las ECM, no son una recreación de lo vivido, de las creencias y costumbres de cada uno, sino que existe un nexo, un hilo conductor que mueve a todas ellas y, que hace real, y para el estudio científico, todas y cada una de las vivencias.

Lo que para muchos son seres de luz, para los niños son ángeles sin alas, o en muchos casos otros niños, incluso logran identificar o así lo creen a propios amigos. Mientras para los cristianos el ser de luz, o la Luz, es Jesús, para otros es Buda, etc…

Como diría el propio Enrique Vila refiriéndose a aquellos que viven estas experiencias,

           “quiénes han vivido una ECM pierden el miedo a la muerte: “Si eso es morirse, ¡qué bonito es morirse!”, me dijo un paciente”.

Pierden, el miedo a morir… Para la gran mayoría estas experiencias son tan vividas, tan reales y maravillosas que pierden el miedo a morir. En la mayoría de casos el vuelco que dan a sus propias vidas es radical, se desapegan a ese materialismo que tan en boga está a día de hoy, se preocupan por ser felices y hacer felices a los que les rodean, muchos incluso llegan a decir, que más que perder el miedo a morir, pierden el miedo a la vida, a vivir.

Sin embargo, no todo es tan bonito como cabría esperar, todos los estudiosos saben que un pequeño porcentaje que estriba el 10%, sufren experiencias que podríamos catalogar de terroríficas o demoníacas. Muchos podrán pensar que cada individuo vivirá o sufrirá la ECM en función a lo que podría haber vivido en vida, es decir, aquellas personas malvadas serían las que sufrirían estas vivencias… Nada más lejos de la realidad, mientras un asesino ha podido relatar la presencia de ángeles celestiales, el padre de familia más bueno que podáis imaginar, puede, en este instante estar sufriendo las peores de las pesadillas, aunque eso sí, recordemos que el porcentaje, es de sólo un 10%.

Parece que poco a poco, se ha ido comprobando que las ECM son reales y tiene visos de constatarse algo que algunos científicos hace tiempo tienen en su mente, pues de ser real que el supuesto “alma” parte hacia otro lado, otro mundo, otra vida, significaría, por otra parte que nuestra consciencia no reside dentro de nosotros mismos, es decir, en nuestro cerebro, pues para los científicos, el “alma” es eso mismo, la consciencia, y… ¿Dónde se aloja esta?
Nadie ha podido demostrar donde se encuentra, en que parte del cerebro se aloja, y nuevas hipótesis derivan hacia algo sorprendente, nuestro cerebro actuaría como de antena parabólica de esta misma, y nosotros no somos conscientes de ello…
Aunque se ha escrito mucho sobre hacia donde iríamos o que son las ECM, nadie puede demostrar nada… Unos dicen que se trataría como una regresión al momento del nacimiento, el propio Carl Sagan optó por esta solución, otros, en cambio, hablan de tierras lejanas y misteriosas, del mundo de los espíritus, etc…
Hoy, quien sabe, puede que la respuesta la encontremos en lo más diminuto del Universo conocido, y en la teoría que la explica, la teoría de partículas, la Teoría Cuántica. Y aunque parezca fantasía, puede que no lo sea tanto, pues, si la ciencia empieza a aceptar posibles cuentos de ficción como el posible Universo Holográfico en el que estaríamos viviendo, o el hecho de que pudieran existir numerosas dimensiones que se nos escapan, o la fascinante idea recurrente del MultiUniverso, responder y explicar las ECM, quizás sea un juego de niños, el tiempo lo dirá.
Lo que con seguridad sabemos, es que la rueda que dirigirá nuestro destino se ha puesto en marcha. Mientras, en la actualidad, Moody, se interesa por las experiencias compartidas. Parmia, por su parte, dirige el estudio más ambicioso hecho hasta la fecha con más de 25000 pacientes a su disposición.

Los avances científicos y técnicos no paran, y puede que pronto tengamos la respuesta que desde nuestros ancestros  nos hemos ido haciendo, ¿existe vida tras la muerte? Hasta entonces, piensen en la idea más ridícula que se les ocurra, pues les aseguro, que con toda seguridad, al final, será un argumento válido más que aportar.


Continuará....

No hay comentarios:

Publicar un comentario