Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

viernes, 3 de enero de 2014

Tras los pasos de la Ilusión: Herodes el Cruel

            Querría antes de que empezaran a leer, invitarle querido lector a que realice una reflexión sobre sus creencias religiosas. Si es usted un acérrimo creyente en la Biblia letra por letra, le invito a no seguir adelante en la lectura de estas palabras que ahora, se deslizan y danzan ante sus ojos.

            Desde hace ya dos años venimos tratando los enigmas de la Biblia, hemos descubierto innumerables cosas sobre los relatos que nos cuentan y nos traen hasta estos días lo que pudo ser la infancia de Jesús de Nazaret. Sin embargo, como hemos descubierto, la Biblia, en la mayoría de las ocasiones no hay que tomarla con la literalidad de un libro de historia, pues, ante todo, es un libro evangelizador en una nueva religión, en este caso la cristiana.
            Para nada lo que cuento es malo, todo en ciertas dosis es bueno, es recomendable, la búsqueda de la verdad te embarca en viajes fantásticos que jamás creíste ver, creer en ellos. Ayer, creías que vivías en un año concreto y hoy, no (para saber más, leer: Año 0). Comprobaste que lo pagano y lo cristiano tiene una rama única común, que se entremezcla en la línea que escribe el tiempo (para saber más, leer: ¿Un día Pagano?).Descubriste que Jesús realmente era de Nazaret (para saber más, leer: Jesús de Nazaret), que probablemente no hubiera un censo, y que, sería raro que una estrella hubiera guiado a los reyes desde oriente. (Para saber más, leer: Una estrella en el Firmamento)
            Y, ahora, yo me pregunto, ¿es verdad que Herodes ordenó una matanza de inocentes?



Evangelio de Mateo

            “2:1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, 2:2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. 2:3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 2:4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 2:5 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta (…)”
            “2:16 Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.”


            Es curioso que entre los cuatro evangelios canónicos, el único que narra este atroz hecho es el de Mateo. Ni tan siquiera el de Lucas, el cuál narra casi al milímetro ciertos hechos, pero con ciertas discrepacias de Mateo, lo nombra, aunque como sabemos, sí que narra el supuesto censo que obligó a José y María, en teoría, viajar hacia Belén, donde, finalmente daría a luz. Pero, como parece demostrar la historia este hecho jamás tuvo lugar. Aunque, olvidando este hecho, y tomándolo como veraz, intentemos analizar la figura de Herodes, y, si verdaderamente fue capaz de hacer una cosa como la que narra Mateo.



            Herodes era un mestizo con sangre de muchas razas. Nacido en el año 73 a.C. en Idumea, una tierra de pastores nómadas al sur de Israel. Sus padres fueron, Antípatro, el cuál servía por aquel entonces al rey Hircano II de Israel, y su madre, según piensan algunos historiadores era una árabe nabatea llamada Cipro.
            Herodes llegaría a gobernar Galilea con tan sólo 20 años con el rigor de un fariseo. Antonio Piñero comenta al respecto en su libro “Herodes el Grande”:

            “Tejió una red de soplones y mediante traiciones y emboscadas barrió –literalmente– con todos los pillos de la región, aunque de paso acabó con la clase aristocrática nacionalista que obstruía su ascenso al trono”.

            Su fama iría in crescendo. Tildado de cruel, violento, y toda sarta de palabras con conceptos nada agradables, fue llamado por el Sanedrín en Jerusalén con la esperanza de sosegarlo. Ante esto, él mismo se presentaría con sus tropas asaltando la sala de juicios.
           Roma, harto del pueblo judío y sus revueltas, veía con buenos ojos su ascenso al poder, de este modo, él sería el encargado de domesticar a las masas y, ellos, por decirlo de una manera, se lavarían las manos...
            Así fue como a partir del año 40 a.C. y gracias a las tropas romanas y al dinero que les hacían llegar, Herodes, por fin, se asentaría en el trono. El despiadado carácter que forjó alrededor de su persona, hizo, que personajes tan ilustres como Julio César, Marco Antonio, y finalmente César Augusto, se arrodillaran en cierto modo ante su persona, siendo nombrado por este último como rey de Judea.
            Gracias al historiador Claudio Josefo podemos saber que en Judea ni una hoja caía al suelo sin que él lo supiera. Herodes, mataría a familias enteras en su ascenso al poder, y, una vez en él, no tendría problemas para acabar con la vida de su segunda mujer, la princesa judía Mariamne. Antes de eso, ya él se había encargado de su padre y abuelo, para más tarde hacer lo propio con su cuñado, Aristóbulo El Joven. Decapitaría a dos de sus propios hijos, Alejandro y Aristóbulo, quienes fueron delatados por su hermano Antípatro por sospechas de golpe de estado, y, este último sería vilmente asesinado por su padre sólo 5 días antes de su propia muerte.
            Aunque, no todo lo que gobernaba el corazón de Herodes era oscuridad. Ante todo, y por mucho que pareciera improbable, quería a su pueblo. Hizo auténticas maravillas arquitectónicas. Levantó la ciudad de Cesárea, bautizada así en honor a César Augusto, fortalezas inexpugnables en Masada o Herodión… Sin embargo, y a pesar de que el propio Herodes pagara con sus arcas el trigo que daba alimento a su pueblo, este, lo odiaba por la simpatía que Roma profesaba hacia su rey.
            El palacio del monarca siempre estaba atestado de poetas, filósofos, historiadores, maestros de retórica, etc. Herodes, ambicionaba ante todo, sacar a su pueblo del analfabetismo imperante en esa época, darles cultura, y, finalmente, convertirlos en ciudadanos romanos de plenos derechos, para de este modo formar parte de la historia del imperio más grande jamás conocido.

            Cruel, ambicioso, déspota, son calificativos que hablarían perfectamente de su persona, aunque, eso no quitaba que fuera muy inteligente. Así era Herodes, un personaje que hizo que la propia Roma inclinara levemente la cabeza para alzarse a los cielos de Judea.
            Sin lugar a dudas, bien podrían haberse producido los hechos narrados por Mateo y algún que otro texto apócrifo, sin embargo, cabe pensar que, ante tal salvajismo, el pueblo se alzara en armas ante un soberano que, como hemos podido ver, poco o nada apreciaban. Por otra parte, cabría preguntarse, sí, Herodes, volcado en promover los medios suficientes a los israelitas para llevarlos a la luz del saber, sería, por muy cruel que fuera, tan irresponsable e inepto como para llevar a cabo la matanza donde, según las distintas creencias religiosas, perderían la vida entre los 144 mil niños según medievalistas, 64 mil en la Iglesia Siria y unos 14 mil según la Iglesia Ortodoxa.
Herodes no era tan inepto como para realizar tal locura… No obstante, según estudios realizados, el poblado de Belén, donde nacería Jesús entorno al año 4 a.C. tendría en torno los 300 a 1000 habitantes, de los cuales, entre 7 y 20 serían menores de dos años. Esta circunstancia, podría dar veracidad a los hechos, y, que para historiadores como Flavio Josefo que nos narra toda su vida en  las “Antigüedades de los judíos, libro XVIII”,  pasaran desapercibido.
Pero, vayamos más allá.


Testamento de Lucas
           
            “2:39 Así que cuando cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”.
 
            Es curioso como discrepa de su hermano evangélico, en cuanto a historia relatada. Para Lucas, una vez producido el censo, volvieron a Nazaret sin mayor problema. 
            Para Antonio Piñero, catedrático de la Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo, lo que nos narra Mateo es pura fantasía.

            “Este episodio de la vida de Jesús cuando era niño sólo se encuentra en el Evangelio de Mateo, 2,13-23, y no aparece nunca más en el Nuevo Testamento, ni apenas se comenta en la literatura cristiana primitiva, en cuanto se me alcanza.
Hay algunos comentaristas cristianos que sostienen que la historia sucedió tal cual la narra Mateo y que encaja muy bien con la consabida crueldad del rey Herodes. La mayoría de los exegetas, sin embargo, incluidos los católicos, sostienen que la narración de Mateo es una pura fantasía, una tradición popular cristiana, o mejor una “historia teológica”: no narra hechos en verdad acaecidos, sino que transmite un mensaje religioso...”

            Para muchos, los textos no deben ser interpretados con la literalidad que otros nos exigen. Es por ello que, muchos vinculan la palabra matanza en otro contexto bien distinto, el asesinato de tres de los hijos de Herodes, y las órdenes que este dio para que, una vez fallecido, ejecutaran a unos 300 nobles, de este modo, quisieran o no, el pueblo que lo había menospreciado toda su vida, llorara de dolor, cosa, que por otra parte, finalmente, jamás llegó a ocurrir.

            Herodes, moriría del modo como nos cuenta Claudio Josefo:

             “El infeliz las pagó todas juntas y una especie de fuego lo consumía por dentro, con la lentitud de un pollo a las brasas. Le ardía tanto que ni siquiera resistía que lo tocaran. Tenía los intestinos con úlceras y padecía de un cólico infernal. Despachaba un aliento fétido y sufría de constantes convulsiones.”

Moriría a la edad de 70 años, dejando tras de sí un legado de muerte y horror inspirado en la elegancia y sueño romano. Sería enterrado en el templo Herodiano, recientemente descubierto en 2007.

Si nos atenemos a lo que nos relatan referente a la estrella de Belén, cabría pensar, que, una vez comprendida la metáfora, el símil que Mateo realiza para traer a Jesús a Belén y así que se cumplan la escrituras, sería fácil desmontar todas las líneas que entrelazan el resto del relato que nos lleva a la vida más oculta del maestro, de Jesús de Nazaret.
Sin embargo, en el caso de que crea que la estrella existiera, pudiera ser viable dar verosimilitud a la despiadada obsesión de Herodes en encontrar a aquel que en su día llegaría a usurpar su asiento.
Sea usted, querido lector, quien de luz a este relato que hoy aquí os he traído. Juzgue por usted mismo, indague, investigue y, sobre todo, no se deje engañar por las palabras y habladurías de alguien que no sea usted mismo.
Por mi parte, esta, es la historia que hoy quería llevarle, la historia que quería contar, no tengo el don de la verdad, pero sí la razón de pensar por mí mismo.
 Feliz 2mil los que sean, nos vemos, pronto.


             Continúa en: Tras los pasos de la Ilusión: Los Reyes de Oriente

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