Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

martes, 17 de diciembre de 2013

La Obra

            Al principio la nada asolaba el vacío, más sin nada, el propio vacío existir no podría.
            Nadie sabe con certeza cuando ni porqué, pero ocurrió, más nadie pudo calificarlo de ese modo. La flor emergió en el vacío y lo lleno todo de color. El calor se esparció y el tiempo fluyo en la tela del espacio que se creó.
            En ese tiempo todos éramos uno, uno en todo, y en todo a la vez nada. Quizás podrían haberse llevado las más prodigiosas combinaciones, sin embargo, ante las miles de millones de posibilidades todo fluyo en una dirección. La flecha del tiempo determinó lo que hoy somos, y las partículas se unieron para crear materia sólida.
            Millones de años habían transcurrido desde el comienzo donde éramos el todo y la nada a la par. ¿Qué eran esas luces tan llenas de vida? Daban calor, excesivo calor, allí, frente a esa Gigante Roja había una serie de planetas, ¿quizás pudieran albergar vida? Puede, pero, eso, nunca llegaremos a saberlo… O sí… La estrella había quemado todo su combustible, y, para pesar posiblemente de la vida que pudiera albergar alguno de aquellos planetas, la estrella creció y creció engullendo a su paso a los planetas internos.


            Imaginemos un mundo lleno de vida, quizás extraña, exótica, más, nadie sabe qué tipo de vida llegaremos a ser o la que en aquel gran planeta de tono verdoso podría haber surgido. Pero allí, sin lugar a dudas, había surgido un tipo de materia jamás conocido en la existencia del Universo, la vida se había abierto paso, sus océanos bullían de vida, las grandes extensiones de tierra eran un manto verde donde curiosas aves descendían para tomar descanso, y, grandes seres, se abrían paso en los terrenos con una gran sobriedad características de reyes en su planeta.
En algún punto, los océanos empezaron a evaporarse, a extinguirse, y, grandes temblores, destrozarían ese paisaje de ensueño para dar paso a un infierno incandescente. La vida, por aquel entonces había reculado, pero no lo suficiente como para marchitarse. En los lugares más frescos del planeta, en sus cavernas, seres diminutos, perdidos a la vista, se aferraban valientemente a la vida. Poco a poco el planeta iba detonando, expirando en su fin, había llegado el momento de morir. Su estrella, aquella que había alumbrado el comienzo de sus días, aquella que había dado calor y consuelo en el basto océano cósmico agonizaba, y con ella, todo su sistema. Era tal la presión, tal la fuerza, que finalmente antes de ser ese planeta engullido explotó.
            Y, allí, lejos de toda comprensión, de toda vida, si la hubiera, la estrella siguió su curso, mientras, los pequeños fragmentos que alguna vez habían pertenecido a un mundo lleno de vida, volaban hacia un incierto destino. La estrella finalmente colapsó en uno de los sucesos más impactantes y espectaculares que pueden recordarse. En la lejanía, a miles de años luz, en algún recóndito lugar del Universo, en algún punto, unos seres veían lo que ellos creyeron que sería el nacimiento de una nueva estrella, y, aunque equivocados en un principio, no lo estaban tanto.
            Toda esa materia salió despedida al exterior arrastrando todo lo que encontraba a su paso, limpiando el espacio de escombros, derrumbando los cimientos de la casa antigua, para, cientos de miles de años más tarde, poder construir una casa con mejores cimientos.
            Claro que, ¿quién sabe si fue en ese enjambre de gas y materia donde nos gestamos?

            Miles de millones de Galaxias esparcidas por el Universo, navegando aparentemente a la deriva, sin un fin concreto. Millones de mundos, de corazones perdidos en el espacio, en el basto océano cósmico. Miles de personas buscando su ser de existir, cual es la obra que les ha llevado hasta ser quienes son. Todos ahora aquí, existen, pero solos, no unidos, lo que antes había sido un todo sin existir, ahora era por ser, pero sembrados en distintos mundos, en distintos seres, el todo se había perdido, era el precio a pagar por la existencia.

            Todo comenzó con un error, un error que aunque jamás debió darse se dio, un error que haría que ganáramos, un error que movería los hilos en la obra a representar.
            Todo se había fragmentado, y nadie jamás podría resolver el rompecabezas, no habría dos seres iguales, dos obras iguales, dos vidas iguales, parejas quizás, pero jamás en igualdad.
           
            Definitivamente existió, pero para comprenderse mejor, tomó forma, una característica nunca antes dada. Futo de ello, en una estrella perdida en los albores de los tiempos nacería la primera chispa, la semilla que más tarde germinaría en tantos otros mundos. Pero, el Universo es caprichoso, imperfecto, lleno de errores, y, en un espacio ínfimo de existencia, algo, debió arrasar el planeta, ¿Otro planeta tal vez? Quién sabe. Los fragmentos salieron despedidos al espacio con tal fuerza que se perdieron más allá de dicha estrella. Pasarían tal vez millones de años para darnos cuentas de cuan suerte tuvimos en esos golpes de infortunio para dichos sistemas, dichas estrellas y concretamente esas vidas y planetas perdidas en la inmensidad.
Así fue, como la materia viva corrió en pos de un nuevo destino, de un nuevo planeta fecundable, de una nueva posibilidad de existir. Los fragmentos llegarían a varios planetas, en algunos florecerían, en otros, en cambio, pese a la persistencia por seguir, se marchitaría.
Muerte y vida, unidos en una delgada línea que apenas las diferencian.
Sin otro de los errores que se produjeron, la muerte, la vida, más aún, el propio Universo jamás habría llegado a existir. Las estrellas, las galaxias, los sistemas planetarios, todo lo que lo compone es reciclado una y otra vez buscando una perfección añorada que, jamás podrá darse. La información es tan amplia, y está tan diversificada por el cosmos, que jamás se llegará a alcanzar la perfección, jamás podrá arreglar el primer error, y jamás podrá arreglar todos aquellos que surgieron como consecuencia de su existencia.

De este modo, existimos. Hace miles de millones de años, en algún lugar de la galaxia que nos da cobijo, un suceso catastrófico daría lugar a la reinvención una vez más de la materia. Una estrella, pudiera ser que semejante a nuestro Sol, devoraría a todo su sistema, de haber habido vida allá se habría evaporado por completo a la vez que los distintos gases fueran borrados de la faz de su planeta, para más tarde, quien sabe, si estallar o esperar lentamente ser pasto de las llamas. En un espectacular fin, la estrella daría lugar a una nebulosa planetaria que iría surcando los mares galácticos dejando a la deriva un diminuto punto, una enana blanca a su espalda, una estrella herida de muerte. Finalmente, toda molécula que una vez había existido en dicho sistema, quedaría desperdigado por el basto cosmos, para dar lugar, debido a alguna inestabilidad gravitacional, a una nueva estrella y con ella un conjunto de planetas a su alrededor, ese sistema, es casa, es donde vivimos, donde los deseos de quien sabe que seres siguen haciéndose realidad.
Hace 5000 millones de años que nuestra estrella existe, nos alumbra y da cobijo, como una vez diera su antepasado probablemente a otros seres, y, de forma mágica, la vida imperecedera se abrió paso en el planeta que miles de millones de años más tarde sería nombrado como Tierra. Y, por si fuera poco el modelado de nuestro Universo no acaba en el hecho de crear la vida, no, ha de evolucionar como todo estado de la materia, para ello, la muerte una vez más ha de estar presente, se ha de cerrar el telón para volverlo abrir en otra maravillosa obra.
Puede, que lejos, muy lejos, en el cinturón de asteroides, uno suficientemente grande con órbita al exterior de nuestro sistema se topara con algún cuerpo que por medio de su gravedad lo enviara directamente al Sol, y que en su transcurso, midiera sus fuerzas con otros de su calaña, y tras varias pasadas por la Tierra, empujado por su gravedad o la de su acompañante la Luna finalmente ,terminara impactando en un atronador espectáculo haciendo que los reyes por antonomasia de nuestra historia perecieran en su intento de vivir.
Hace 65 millones de años, los mamíferos empujados por esta desgracia para los gigantescos lagartos que millones de años más tarde serían nombrados como Dinosaurios, se abrían paso en la escala evolutiva; roedores, primates, y todo tipo de seres inferiores pudieron sobrevivir gracias a un desgraciado acontecimiento que se les escapaba.

Era una noche cerrada, fría y aterradora, el cielo retumbaba como jamás habían visto esos individuos recién bajados de los árboles. Hacía pocos días habían tenido una disputa por el territorio con otros bípedos más grandes y feroces y habían perdido a gran parte de su manada, pero, en esa noche oscura algo, iba a cambiar su destino. Las horas pasaban y un viento huracanado se arremolinaba, luces por doquier hacían su presencia seguidas de un ruido singular, y, de pronto, surgido de la noche, algo cayó junto a ellos, partiendo por la mitad un árbol haciendo que brillara como jamás habían visto brillar nada. Se acercaron, y vieron que les hacía demasiado daño, pero que, sin embargo, a una distancia prudente era bastante acogedor, era como esa gran forma  que cada día se alzaba sobre sus cabezas, esa forma que con el paso del tiempo se convertiría para ellos en un dios, y más tarde sería nombrado por los descendientes de dichos individuos como Sol. Así fue, como a la luz de una hoguera, un grupo de Homo Habilis descubriría el fuego que más tarde sería utilizado de forma más técnica por el Homo Erectus.
Una serie de circunstancias hicieron que estuvieran en el lugar adecuado en el momento justo, unas circunstancias quizás no queridas por ellos, pues, habían perdido a gran parte de su grupo. En cambio, este hecho haría evolucionar conscientemente a toda una especie, ningún ser que se sepa ha utilizado el fuego para sus quehaceres diarios salvo el hombre. El único ser que se atrevió a acercarse al fuego en vez de huir, quizás, impulsado inconscientemente por el recuerdo de aquellos seres que en su día afectuosamente veneraban también a su estrella, a su dios, para más tarde morir junto a ella. Somos los retazos de fragmentos de otras vidas de otras estrellas, de aquel punto donde una vez se concentró toda materia para eclosionar en la belleza que no rodea, en el espacio sideral que conocemos y desconocemos aún hoy.

Han pasado eones desde el comienzo de todo, desde que algo errara y nos diera a luz, y aquí estamos, rodeados de tanta inmensidad atrapados en un mundo entre unos seres que a pesar de ser nosotros mismos, en algunos momentos nos pasan desapercibidos, desconocidos, inconscientes de la grandeza que tenemos en nuestro interior, de la importancia de nuestra supervivencia, o no, pero sí de la huella que vamos dejando y dejaremos. Somos seres imperfectos con halos de grandeza, y que sin embargo, pertenecemos a una infinitésima parte de algo mucho mayor, de una historia perdida en el espacio tiempo incapaz de comprenderse a sí misma, pues, de ser así, ¿qué les quedaría, qué nos quedaría? La nada, el vacío, la inexistencia.
Allá en mundos lejanos, seguramente, existan seres realizados con los mismos ladrillos que nosotros, con las mimas piezas, pero con distintos fallos. En las lejanas estrellas existen mensajes que son imperceptibles por nosotros humanos, que sólo deseamos escuchar nuestra sed divina.

Yo soy uno de ellos, uno de esos individuos, menos que nada, menos que un átomo, soy una partícula que puede que choque con otras partículas para dar lugar a estados evolucionados de la materia, de la consciencia, yo soy un individuo más dentro de un enjambre de abejas gobernado por los reyes corruptos y desaforados, pero, lo que más importa es que yo soy. Soy, y puedo cambiar las cosas, cualquier circunstancia que se haya producido en el Universo, desde el nacimiento del H hasta grandes guerras intergalácticas han necesitado del movimiento de la obra de una partícula, o seres, de la acción de algo. Podemos cambiar cosas, para bien o para mal, o quién sabe si simplemente al final, sólo quedarán las letras, los cuentos en los libros, de algún ser que una vez habitó nuestro mundo.
Haya donde estéis sabed que soy un humano más. No estáis solos, estoy aquí lanzando un grito desesperado a mi mundo, al espacio, al cosmos, hemos existido, seguimos haciéndolo, no sé por cuánto tiempo más, pues en la obra que representamos todo tiene marcado un final abrupto o no, nadie lo sabe, pero sabed que en vuestra sangre, en todo lo que conocemos o conocerán existen las evidencias suficientes para pensar que una vez en el pasado muy remoto, en una estrella muy lejana, la materia que hoy nos compone, formó parte de algo parecido a lo que vemos, a lo que sentimos, y qué allá fuera lejos, muy lejos, existen hermanos lanzando este mensaje al mar del espacio tiempo.

Me pregunto, que seré yo, ¡o!, a punto para cumplir para algunos 22 años, ¿qué soy yo para el tiempo?, ¿qué o quién soy yo para el espacio que me separa de la estrella más cercana con vida? No soy más que un hombre. Un hombre que existió, aunque para algunos pase desapercibida mi existencia. Ni siquiera en mi mundo llegué a ser conocido, ni siquiera por la gran parte de seres pensantes, ¿qué somos para el cosmos?, ¿qué somos para los que vendrán después? ¿Dinosaurios? ¿Una estrella que no existió tal vez?
En un año en la vida de un ser humano pasan muchas cosas, pero para los demás, es un suspiro, más que eso quizás, se trata de respirar, algo que para nosotros pasa desapercibido hasta que nos falta el aire. Es como para nuestro Sol quemar H hasta que un buen día le falta H y después el He, etc… Un buen día, recordamos lo que fuimos, lo que quisimos ser y lo añoramos, hemos desperdiciado nuestras vidas en vanas aventuras, en guerras y añoranzas ilusas, un buen día, nos encontraremos en otro recóndito lugar del océano cósmico y quizás nos preguntemos por la posibilidad de si alguna vez en aquella nebulosa que vemos a lo lejos, existió vida, y, nuestros genes, recordarán con añoranza quienes fuimos, y qué grave error nos llevó al fin. Es entonces, cuando la materia, la vida, evolucionará a algo que quizás no lleguemos a comprender, seres con inteligencia comprensivos con el cosmos, sagaces y perspicaces a la hora de saber que en cualquier momento por mero capricho pueden dejar de existir, más por ellos mismos no se producirá tal hecho.
En aquel futuro soñado viviremos en paz, lejos de energías dañinas, de políticos corruptos, de sistemas prostituidos,  y, comprenderemos, la obra que un día comenzó a representarse una y otra vez allá en las lejanas estrellas de todas las galaxias del Universo, será entonces, cuando estemos más cerca de ser perfectos seres imperfectos, para seguir en un cuento que no acaba.

Ha pasado el tiempo, un tiempo que parece haberse detenido para todo aquel que no fuera yo, un tiempo congelado al otro lado del cosmos, pues ¿qué significa 1 sólo años para su edad? Eso, es lo que ha ocurrido en este tiempo. Los verdaderos sucesos, los verdaderos acontecimientos que cambian el sino de mundos y galaxias enteras, se dan lugar en millones de años, y yo, aquí, intentando contaros que somos y no somos nada para el cosmos, y puede que nuestro propio mundo. ¿Cuántos habrán muerto y nacidos en este tiempo? Muchos, pero, ¿cuántos estarían dispuestos a evolucionar, a intentar que esos seres que miren hacia nuestra nebulosa sientan nostalgia y no tristeza por lo que fuimos?
Muchas batallas se decidieron en conceptos que no lograremos entender, en lugares que jamás llegaremos a sospechar, en tiempos indeterminados para cualquier individuo, incluso para el propio Universo.
Somos retazos de un error, un dichoso error que nos dio a luz. Fragmentos de un todo que jamás volverá a estar unido, pues de estarlo, ya nada tendría sentido. No sé de qué manera, si finalmente triunfaremos, o fracasaremos, pero de lo que estoy seguro es que un día, en cualquier parte del Universo, como en una obra escrita, un telón se irá corriendo poco a poco y veremos el nacer de un nuevo día, con la añoranza de sentirnos solos y a la vez unidos a un todo.


17 de Diciembre de 2013, en un lugar al que llamamos Tierra, recuerda, que un día tuve una edad y ahora amaneceré en otra, pero que finalmente, solo se trata de un día más a descontar en todos los calendarios.

2 comentarios:

  1. con solo leer las primeras lineas me parecio interesenta, volveré a terminar mi lectura, ahora estoy en el trabajo
    gracias por la recomendación...

    saludos!

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