Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Un Universo Lleno de Vida: Una verdad Incómoda


                        ¿Quién respira metano en Marte?
            Con esta intrigante pregunta numerosas revistas científicas así como gran diversidad de la prensa mundial abrían sus portadas a principios del año 2009. Teniendo en cuenta que el 90% del metano existente en el planeta Tierra, nuestro planeta, proviene de actividad biológica y que tan solo un 10% lo hace de manera geoquímica, no era tan descabellado como podría esperarse este titular.


            A lo largo de cerca de una década numerosos científicos se dedicaron exclusivamente a estudiar el origen, la procedencia de dicha emisión sin llegar a ningún concenso. No obstante deberíamos de retroceder hasta los años 70 para ver los primeros indicios que indicaban que en Marte existía metano.

            “El metano invoca visiones de vida en Marte”, explica Sushil Atreya de la Universidad de Michigan.

            Sin embargo, las evidencias sólidas de metano marciano con espectroscopia infrarroja sólo aparecieron hace nueve años. Concretamente fue en 2003, gracias a los espectros obtenidos con el telescopio infrarrojo de la NASA en Hawai.
            Los datos de la ESA Mars Express, que comenzó a orbitar Marte en enero de 2004, mostró signos de penachos de metano, pero no en los mismos lugares que mostró el telescopio de Hawai. En 2006 se volvieron a realizar seguimientos, cuando la órbita de Marte volvió a permitir la detección de metano desde el suelo. Sin embargo tras una pausa de  tres años, todos los signos de metano habían desaparecido, como se informó en un artículo de Science de 2009. La implicación es que el metano es un fenómeno estacional que tal vez sólo coincide con los veranos en el planeta rojo, teniendo en cuenta que un año marciano es algo menos de dos años terrestres y observando que las emisiones de metano aumentan en el hemisferio norte del planeta cuando es primavera y concretamente es donde se encuentra el mayor foco de emisión, alcanzando su punto máximo en la estación veraniega marciana.

            “En la Tierra la mayor parte del metano se hace biológicamente”, dijo Tullis Onstott de la Universidad de Princeton.

            Los microbios llamados metanógenos producen este gas de efecto invernadero como parte de su metabolismo. Aunque es posible que organismos similares vivan en los suelos de Marte, el metano marciano podría producirse geoquímicamente, sin la necesidad de la vida. Onstott y sus colegas están construyendo un dispositivo óptico para que en una futura misión “rover” pueda resolver el misterio del metano marciano. El proyecto forma parte de la Ciencia y el Desarrollo de instrumentos de Astrobiología, Tecnología y Estudios de la Misión de síntesis (ASTID).
            La realidad es que ese metano tiene que proceder estrictamente de una de estas tres posibilidades, o combinaciones de ellas, estas son las siguientes:

·         Emisión de origen volcánico.
·         Metano producido por alguna forma de vida marciana hoy extinguida que quedó atrapado en el subsuelo y que ahora aflora.
·         Metano procedente de seres vivos que habitan aún hoy en el subsuelo marciano.


Ignasi Casanova, geólogo planetario de la Universitat Politècnica de Catalunya, nos decía:

           “Estos resultados convierten a Terra Sabae en una región prometedora para enviar allí una futura misión de exploración”.

            Hasta que se produzca ese acontecimiento, todo quedará en meras especulaciones, pero teniendo en la mano los datos anteriores y poniendo de ejemplo nuestro querido planeta como tanto les gusta a la gran mayoría de los científicos a la hora de buscar vida más allá de nuestro apacible hogar, ¿Por qué no pensar que pueda haber vida? O en otro caso ¿Por qué no pensar que Marte pudo albergar vida allende los tiempos? No me parece tan descabellado pensarlo, de este modo, pensando en H. Jay Melosh (profesor de Ciencias Planetarias de la Universidad de Arizona y una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de impactos de meteoritos contra la Tierra), se me ocurre una alocada y recurrente idea, aunque quizás querido lector cuando acabe su lectura no le parezca tan improbable y mucho menos desconcertante esta posible verdad.  

            Hoy en día existen dos hipótesis que intentan explicar el origen de la vida en la Tierra:

·         Hipótesis terrestre: Según la cuál los primeros organismos vivos habrían surgido y se habrían desarrollado aquí, en la Tierra. Los defensores de esta hipótesis defienden que la vida surgió por generación espontánea, a partir de materia inerte, animada en virtud de unas condiciones físicas y químicas determinadas. Actualmente se le conoce a esta teoría como abiogénesis, y para aquellos científicos que la defienden, el surgimiento de la vida fue un hecho excepcional, único y probablemente irrepetible en toda la historia del Universo.

·         Hipótesis extraterrestres: Según la cual los primeros elementos orgánicos, o incluso los primeros organismos primitivos, habrían surgido en algún otro lugar del espacio para después “colonizar” tanto el nuestro como otros mundos, la teoría fue conocida por el nombre de parspermia, la cuál no nos explica la aparición de la vida, ya sea aquí o cualquier punto del cosmos, si no que traslada el problema a otras cotas. La idea de la panspermia fue introducida por primera vez a principios del siglo XX por el químico sueco Svante Arrhenius, y predice que los organismos más sencillos abundan en el espacio, se desplazan por él y van “colonizando” los planetas que encuentran a su paso.

Una nueva investigación, basada en simulaciones por ordenador, sugiere la posibilidad de un proceso llamado transferencia débil, por el que objetos sólidos pueden deambular poco a poco fuera de la órbita de un cuerpo celeste, como un planeta, para terminar en la órbita de otro, aumentando las posibilidades de que este proceso dé lugar a un intercambio de elementos básicos para la vida o, quizás, incluso de microorganismos.
La investigación se basa en los principios desarrollados por el conocido matemático de la Universidad de Princeton Edward Belbruno:

          “Nuestro trabajo dice lo contrario de la mayoría de los trabajos anteriores”, dice el científico.  “La litopanspermia  (del griego: lithos = piedra, pan = todo, esperma = origen), podría ser un fenómeno muy probable, y este puede ser el primer estudio que lo demuestra. Si este mecanismo es cierto, tiene implicaciones para la vida en el conjunto del Universo. Esto podría haber ocurrido en cualquier parte”.

           “Nuestro estudio no prueba que la litopanspermia que realmente sucedió, pero indica que se trata de una posibilidad abierta”, indica Amaya Moro-Martín, del Centro de Astrobiología CSIC-INTA y la Universidad de Princeton.

Ciertamente la parspermia serviría para aclarar unas pocas preguntas de las muchas que se abrirían ante nuestros ojos, no obstante es una probabilidad que esta ahí, cada día cobra más fuerza ante la imposibilidad nula de reproducir, incluso de teorizar la abiogénesis la cuál probablemente con el tiempo sea desechada, ya que como Pascal demostró en el siglo XVII, la vida no se puede generar espontáneamente, aunque muchos científicos para no romperse la cabeza propusieran lo que llamaron “caldo primigenio” según el cuál dándose una serie de condiciones se crearía materia orgánica que daría más tarde lugar a organismo unicelulares que mediante la evolución llegaría a dar organismos complejos, llamados pluricelulares. Sin embargo hasta la fecha no se ha descubierto los pasos previos en este gran salto que tuvo que darse entre la materia inorgánica y la materia orgánica, ya que como propuso Darwin, todo lleva su proceso y va evolucionando según las condiciones que se le presente, puesto que aún esta vigente con ciertas excepciones, ¿dónde se encuentra ese eslabón? ¿Se trata ese eslabón que falta los virus y retrovirus? Resulta más fácil pensar que la vida se originó en algún punto del vasto Universo en el que nos encontramos y que de algún modo llegara a la Tierra, y gracias a las condiciones que en ella se dan la fecundara y se expandiera irremediablente a cada uno de los rincones de estas por extraño y difícil que fuera su proliferación en algunas de sus partes. De este modo atendiendo a los recientes estudios sobre la parspermia, podríamos echar una mirada a nuestro, ¿muerto? Hermano planetario y ver si al menos antaño podría haber albergado vida en su seno.

La formación de Marte, debió darse unos cuantos millones de años antes que el de nuestro planeta debido a que es un tercio más pequeño que el nuestro (se cree que alcanzó su tamaño total sólo dos millones de años después del nacimiento del Sistema), aunque eso no quita que tras su formación tuviera periodos muy violentos que pudieron hacer que su fisonomía cambiara por completo del primigenio planeta. En la actualidad el planeta rojo posee una atmósfera muy tenue, debido a que su campo magnético está tocado de muerte, pero en un principio todo hace pensar que este tenía uno bastante semejante al que nosotros tenemos en la actualidad en nuestro planeta. La presencia de antiguos lechos secos de lo que una vez fueron ríos caudalosos y la presencia de minerales que sólo se forman con el agua indican que el planeta tuvo, en algún momento, una atmósfera, y que su temperatura fue lo suficientemente cálida como para permitir la existencia de agua líquida sobre su hoy polvorienta y árida superficie. Esto hace más que reafirmar que hubo un día en que el planeta rojo poseyó una potente magnetosfera que lo protegía de los peligros del espacio exterior, y de hecho se tuvo que dar esta circunstancia durante cientos, puede que incluso miles de millones de años. Pero algo sucedió en aquel planeta “gemelo” al nuestro, algo que borró su magnetosfera de un plumazo y de esta forma la atmósfera que pudiera tener fue expulsada al exterior y del mismo modo ocurrió con el agua, se evaporó y finalmente siguió los pasos de los gases que componían su rica atmósfera, y con ella toda posibilidad de vida.
El culpable de esta herida mortal no es otro que el astro que nos alumbra y nos da calor, gracias al cual en parte se da la vida aquí, en la Tierra. Una de las numerosas tormentas solares que cada día nos golpea (de hecho todos los planetas, sin excepción, de nuestro sistema son azotados regularmente por el viento solar, una auténtica e inagotable corriente de gases cargados eléctricamente que fluyen de forma continua desde la superficie del Sol al espacio circundante), hizo de algún modo que los vientos solares llegaran con tanta potencia y de manera tal que golpeara en el punto más débil de la ancestral magnetosfera a nuestro planeta hermano y de este modo la barrió de un plumazo.
La misión MAVEN, que se lanzará entre el 18 de noviembre y el 7 de diciembre de 2013, podrá decirnos, midiendo la proporción de isótopos de hidrógeno, cual fue aproximadamente la cantidad de agua que se perdió de esa forma, así como la cantidad de atmósfera que se ha ido perdiendo en el espacio desde el lejano día en que Marte perdió su campo magnético. 
Hasta entonces solo nos quedará la certeza que hace mucho tiempo, Marte de algún modo se pareció a la Tierra y que probablemente tuviera el potencial necesario para que se originara vida en él, y que del modo descrito anteriormente se esfumó, aunque quizás no del todo…

Mientras que esto acontecía en un vecino rincón del espacio, la Tierra acababa de ver la luz de la “vida”, habían pasado en torno a 150 millones de años desde que se formara el sistema solar, pero para nada se parecía a lo que hoy podríamos llamar hogar, incluso como cariñosamente la llaman en Sudamérica “La Pachamama” (Madre Tierra), se trataba de un infierno incandescente golpeado violenta y constantemente por grandes meteoros. Probablemente uno de tal magnitud que ya formada la Tierra hizo que esta se rajara en dos y originara su hermoso satélite que hoy conocemos como Luna. Tras este episodio que hizo explotar de rabia a nuestra “madre” todo se calmó, la atmósfera primigenia debía de ser muy densa de tal modo que una vez que el planeta se enfrió cayó sobre la superficie un gran diluvio que creó los “ancestros” de nuestros océanos, y tras otros cuantos millones de años más tarde surgió como por arte de magia la vida.
La forma de vida más antigua de la que se tiene noticia vivió hace más de 3.400 millones de años en el oeste de Australia, en una Tierra en la que aún no había oxígeno. Se trataba de una serie de pequeños organismos descubiertos por un grupo de investigadores de las universidades de Western Australia y Oxford en rocas sedimentarias de la región de Pibara. Esto no quiere decir que la vida surgiera en esa época si no con toda probabilidad unos pocos millones de años antes, de todos modos tenemos un dato cuanto menos importante, como mínimo la vida surgió en la Tierra 1100 millones de años más tarde de su creación.

          “Estos fósiles microscópicos -asegura David Wacey, de la Universidad de Western Australia y autor principal del estudio- proporcionan pruebas convincentes de células y bacterias que vivieron en un mundo sin oxígeno hace más de 3.400 millones de años”.

Entre otras pruebas, los investigadores encontraron también diminutos cristales de pirita, un compuesto de hierro y azufre también conocido como "el oro de los locos" y que es un producto de la metabolización del azufre.
Sin duda alguna se trataban de lo que hoy llamaríamos organismos extremófilos. Es más hoy en día existen numerosas bacterias que se alimentan de azufre. Se trata uno de los tipos de extremófilos que viven en su mayor parte en las profundidades oceánicas, al calor de las chimeneas termales que calientan el agua con el calor que se escapa del interior de nuestro planeta. Este hecho empezó a crear cierto revuelo en la comunidad científica ya que muchos creyeron ver la posibilidad de que este tipo de vida pudiera haber prosperado en planetas parecidos al nuestro, como es el caso de Marte.
Desde que, hace casi 250 años, se determinó por primera vez que el oxígeno es un elemento imprescindible para la vida, ningún científico, en ninguna parte, había encontrado nunca un animal capaz de vivir sin él. Sin embargo, en la actualidad conocemos que eso no es del todo cierto. Un equipo de científicos de Dinamarca e Italia localizó hace un par de años, no uno, sino tres animales pluricelulares diferentes que son perfectamente capaces de vivir y reproducirse en sedimentos anóxicos (sin oxígeno) a 3.000 metros de profundidad bajo las aguas del Mediterráneo. Algo que cambiaría para siempre los libros de ciencia, ¡seres pluricelulares capaces de vivir sin oxígeno! Hasta ese momento solo se tenía constancia de tal proeza en unos pocos microrganismos unicelulares, bacterias y como no los virus. A raíz de la noticia numerosos medios concluían de la siguiente forma:

          “A partir de ahora se abre un largo camino de posibilidades y de trabajo ante los investigadores. Una cosa, sin embargo, es segura: nuestra comprensión sobre la vida y sus posibilidades jamás volverá a ser la misma.” ABC en 7 de Mayo de 2010.

La vida en la Tierra nunca nos dejará de sorprender. Certezas, que hasta hace unos pocos de años se catalogaban como verdades, están siendo derrumbadas gracias a nuevos descubrimientos de algunos inconformistas que de algún modo, vieron más allá de las numerosas imposiciones que aun hoy en día, se da por parte de la ciencia.
Hasta hace bien poco la “química de la vida” estaba rigurosamente delimitada por una cuidadosa combinación de los mismos seis elementos: oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, fósforo y azufre. En forma de ADN, grasas y proteínas. En cambio, una cepa bacteriana, la GFAJ-1, que ha demostrado ser capaz de sustituir en sus moléculas, incluido el ADN, uno de los seis ingredientes fundamentales, el fósforo, por el que se considera como uno de los peores y más dañinos venenos que existen, el arsénico. Algo que, según los científicos, constituye una prueba palpable de que la vida puede desarrollarse de formas muy distintas a las que conocemos.

          “La vida -reza el artículo de Science- está mayoritariamente compuesta por los elementos carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, azufre y fósforo. Pero a pesar de que estos seis elementos forman los ácidos nucléicos, las proteínas y las grasas, y por lo tanto la mayor parte de la materia viviente, resulta teóricamente posible que algunos otros elementos de la tabla periódica puedan desempeñar las mismas funciones. Aquí describimos una bacteria, de la cepa GFAJ-1 de las Halomonadaceae, obtenida en el Lago Mono, en California, que ha sustituido el fósforo por el arsénico para sustentar su crecimiento. Nuestros datos revelan la presencia de arseniato en macromoléculas que normalmente contienen fosfatos y, más notablemente, en ácidos nucleicos y proteínas. La sustitución de uno de los mayores bioelementos puede tener una gran relevancia geoquímica y evolutiva”.

          “La vida como la conocemos -explica Anbar del Instituto de Astrobiología de la NASA en Menlo Park, California- requiere unos elementos químicos concretos y excluye otros. ¿Pero son esas las únicas opciones? ¿Cómo de diferente puede ser la vida?”

¿Cómo de diferente puede llegar a ser la vida? Una cuestión que por más que me empeño no deja de revolotear por mi cabeza, negando tajante y rotundamente lo que siempre se nos ha dicho, la vida debe estar basada en el carbono, debe tener como sustento el agua y de algún modo relacionada con el oxígeno.
Querido lector únicamente intento hacerle reflexionar sobre la probabilidad no muy descabellada de vida en otros mundos, y quizás probablemente en nuestro planeta vecino Marte. Hacerle ver que no siempre es blanco o negro, si no que existen ciertos matices grises, negruzcos que aclarar. Poniéndole de ejemplo lo que existe en la Tierra como tanto les gusta a los científicos, para hacerle ver que pueden existir otras formas de vidas distintas a la nuestra. Incluso escasos meses antes de estas publicaciones, en 2009 se llegó a comentar la posibilidad del descubrimiento de las primeras bacterias extraterrestres, para luego, como siempre pasa, esfumarse en el recuerdo de aquellas personas que leímos la noticia, y constantemente me pregunto, ¿qué pasó? No existen datos, no hay información pero para que pueda comprobar que es cierto lo que digo, les proporcionaré la información a continuación.

Tres nuevas especies de bacteria, previamente desconocidas en nuestro planeta, acaban de ser descubiertas en la estratosfera terrestre, a una altitud comprendida entre 20 y 41 km, por un equipo de científicos de la Organizacïón India de Investigaciones Espaciales (ISRO).
Capaces de sobrevivir a esa altura, donde la atmósfera se confunde con el espacio exterior, las tres han demostrado ser extraaordinariamente resistentes a la radiación ultravioleta, lo que abre diversas interrogantes sobre su procedencia.
Bautizadas como Janibacter hoylei, Bacillus isronensis y Bacillus aryabhata, los tres organismos fueron recolectados por medio de dieciséis cilindros de acero, esterilizados previamente, que recolectaron muestras de aire a diferentes alturas entre los 20 y los 41 km y fueron soltados después en paracaïdas para ser recogidos y analizados de forma independiente por dos grupos de cientïficos del Centro de Biologïa Celular y Molecular de Hyderabad y del Centro Nacional de Biologïa Celular indio.
Ambos laboratorios llegaron a las mismas conclusiones, y descartaron que las bacterias pudieran proceder de algún tipo de contaminación de los cilindros con organismos terrestres.
En total, fueron detectadas doce colonias bacterianas diferentes, nueve de las cuales presentaban más de un 98 por ciento de similitud genética con otras previamente conocidas. Pero tres de esas colonias, llamadas PVAS-1, B3 W22 y B8 W22, resultaaron ser completamente nuevas.
Los investigadores al frente del experimento, que fue dirigido por U. R. Rao y P. M. Bhargava, no descartan que las bacterias puedan proceder del espacio exterior aunque, según sus palabras "el presente estudio no puede establecer de forma concluyente el origen extraterrestre de estos microorganismos". Diario ABC, 17 de Marzo de 2009.

Después de todo no resultan tan improbable que exista o al menos existiera vida en nuestro vecino cósmico. Son numerosos los estudios los que nos dicen que la época dorada del planeta rojo llegó a su fin hace unos 3500 millones de años, convirtiéndolo en un inhóspito lugar. Sus mares y ríos se secaron y su clima cálido y húmedo se tornó frío y seco. Si hubo vida, con casi toda seguridad se extinguió, o no… La Mars Reconnaissance Orbiter, descubrió en algunas de sus regiones pobladas de calderas de extintos volcanes, gran cantidad de sílice hidratado, una prueba fehaciente que demuestra que en aquél tiempo lejano allí existía agua en abundancia. Y el hecho de que esos montones de mineral estén situados alrededor de antiguas calderas, proporciona la mejor de las evidencias de que lo que se ha encontrado son el depósito intacto de un ambiente hidrotermal, un lugar donde el calor y la humedad habrían podido sostener primitivas formas de vida. Se trata, de hecho, del mismo tipo de escenario que supuestamente aquí, en la Tierra, proporcionó el tipo de habitat adecuado para los primeros organismos vivientes.

           “El calor y el agua que se requieren para crear esta clase de depósitos probablemente hizo que esta zona fuese habitable -asegura J.R. Skok, autor principal de un artículo en Nature Geoscience-. Si la vida existió allí, este podría ser un lugar prometedor para encontrar su tumba, algo así como un cementerio microbiano”.
          “Marte se estaba secando -afirma Skok-, y ésta fue una de las últimas zonas hospitalarias en un Marte que se secaba y enfriaba”.

Hoy en día la búsqueda de vida actual en Marte se centra bajo su superficie donde el agua caliente que pudiera poseer aun el planeta, quedara confinada en el subsuelo y surgir durante breves periodos hasta la superficie.

          “El hecho de que los hábitats superficiales duraran poco tiempo - afirma Bethany Ehlmann- no significa que debamos ser pesimistas sobre las posibilidades de vida en Marte, sino que nos dice mucho sobre qué clase de ambiente deberíamos buscar. Los hábitats más estables de Marte, los de mayor duración, parecen haber prosperado bajo la suerficie. En la Tierra, los ambientes geotermales subterráneos tienen ecosistemas muy activos”.

Descartando la posibilidad de que hoy en día exista vida en tan inhóspito paraje, no hay que desechar una vez más los años dorados que nuestro planeta hermano tuvo. Una vez más nos encontramos ante la tesitura de la pregunta recurrente casi inicial que me hacía, ¿somos todos marcinos? Sería muy descabellado por mi parte afirmar con un rotundo sí sin tener pruebas evidentes en la mano, pero amigos míos puede que las haya.
A principios de  2011, saltaba de nuevo la noticia. Richard Hoover, un prestigioso científico de la NASA, aseguraba haber descubierto fósiles de antiguas especies alienígenas tras analizar los restos de varios meteoritos.
El artículo de Richard Hoover, investigador del Centro Espacial Marshall, de la NASA, explica que:

          “los complejos filamentos hallados en el interior de los meteoritos son los restos de microfósiles indígenas de cianobacterias y otros procariotas (células sin un núcleo bien definido)”. “Dichos filamentos -escribía Hoover- fueron encontrados en piedras recientemente fracturadas y se observa cómo están agarradas a la matriz de la roca del meteorito de la misma forma en que comunidades de cianobacterias terrestres acuáticas crecen en los sedimentos de barro o arcilla”.
          “Estas bacterias fosilizadas -dice Hoover en su artículo- no son contaminantes terrestres, sino restos fosilizados de organismos vivientes que existieron en los lugares de origen de estos meteoritos, por ejemplo cometas, lunas y otros cuerpos celestes". "Las implicaciones -añade- son que la vida se encuentra por todas partes y que la vida en la Tierra pudo llegar de otros planetas”.

La caja de pandora estaba abierta. Toda la comunidad científica apaleó a Hoover y a la revista en la cual se publicaron sus estudios. La NASA, hizo público un comunicado, firmado por Paul Hertz, director científico del Science Mission Directorate de la NASA en Washington, en el que decía que la agencia:

          “no puede estar detrás, o apoyar un hallazgo científico a menos que haya pasado el proceso de “revisión por pares” o haya sido examinado a conciencia por otros expertos cualificados”.
          “Este artículo -prosigue el comunicado- fue enviado ya en 2007 al International Journal of Astrobiology. Sin embargo, el proceso de revisión por pares no se completó. La NASA desconoce por completo la reciente presentación del artículo a Journal of Cosmology y su consiguiente publicación. Otras preguntas y cuestiones deberán ser dirigidas al autor del artículo”.

Apenas unas horas después intervenía también Rocco Mancinelli, el editor de International Journal of Astrobiology (la revista a la que Hoover había presentado su trabajo en 2007) para corregir el comunicado de la NASA y asegurar que el artículo sí que había pasado el proceso de revisión por pares, y que había sido rechazado.
Si bien todos culpaban a Hoover y la revista, nadie hasta la fecha tampoco ha podido demostrar que los estudios del propio Hoover estuvieran equivocados ya que no existe ninguna investigación lo bastante seria para demostrarlo.
Sin embargo no es la primera vez que una noticia como esta sale a la luz pública. En 1996, la agencia espacial norteamericana proclamó a los cuatro vientos que se habían encontrado restos de vida orgánica en el interior de un meteorito procedente de Marte, el ALH84001.
El propio presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, pronunció un discurso “histórico” el 7 de agosto de aquél año para celebrar el acontecimiento.

          “Este es el producto -dijo entonces Clinton- de años de exploración y meses de estudios intensivos por parte de algunos de los científicos más prestigiosos del mundo”.

Menos de dos años después, la revista Science publicaba un estudio que demostraba que la NASA se había equivocado y que una buena parte de los restos detectados en el meteorito marciano eran producto de la contaminación por parte de organismos terrestres.

Como siempre una vez más silencio, nada más se ha vuelto a saber sobre uno u otro caso. Pero no deja de ser extraño que los primeros indicios de vida en la Tierra fueran hace unos 3400 millones de años, justo poco después del declive del planeta rojo que se postula en torno a hace 3500 millones de años, cuando recordemos, su magnetosfera fue barrida por los vientos solares y con ella toda la atmósfera y probablemente vida que pudiera albergar. De este modo Marte quedó desnudo ante el basto Universo y probablemente numerosos meteoros y cometas que antes hubieran desistido en la posibilidad de impactar contra su superficie, ahora sin oposición alguna lo haría. Debido a la escasa gravedad del planeta rojo, no haría falta una gigantesca de estas rocas ambulantes para hacer saltar por los aires el material que en su superficie pudiera tener. Es probable que en esos primeros instantes de desprotección en los primeros miles de años tras este desastroso suceso para él, un gran meteoro o varios se precipitaran contra su piel y esta saltara al espacio llevando consigo ingente número de materiales entre los que se encontrarían con casi toda probabilidad el agua y la propia vida.
Hace 3400 millones de años vivían en la Tierra unos microrganismos que se alimentaban de azufre, puede que esa fuera la vida que 100 millones de años antes nos legara nuestro querido hermano cósmico, o puede que incluso fuera unos organismos invasores que empezaron a filtrar el oxígeno como combustible contaminando la atmósfera del planeta Tierra y acabando con la vida primigenia que en ella se encontraba. Se tratan de numerosas cuestiones que probablemente pudieron darse, ¿marcianos? ¡Porqué no! Hace varios miles de millones de años, un pequeño organismo unicelular empezó a usar oxígeno como fuente de energía. ¿Quién sabe si de algún modo provenía de Marte?
La pregunta por el momento queda sin respuesta. No obstante en el planeta al que llamamos Tierra existen unos seres curiosos que probablemente no pararan hasta encontrar la verdad, aunque en muchas ocasiones sea acallada por los altos mandos que dirigen este nuestro mundo. Ya han sido numerosas las misiones las enviadas a Marte, entre las que se encuentras el Opportunity, el Spirit y el más grande y actual de los "rovers" el Curiosity. En los próximos años las investigaciones se intensificarán, pero quizás una cobre mayor importancia aquella que pueda tener la posibilidad de descubrir vida actual o pasada en el planeta, y aún mayor sería ese descubrimiento si estuviera esa forma de vida relacionada con la nuestra y desde luego ese ingenio está siendo desarrollado por el MIT. Este tomaría muestras del suelo marciano y sería capaz de aislar cualquier organismo viviente o resto biológico que contenga ADN, para después separar el material genético y analizar sus secuencias con las técnicas estándar.

           “Es un disparo muy largo - concede Carr científico del MIT- pero si vamos a Marte y encontramos formas de vida que estén relacionadas con nosotros, podría ser que nuestro origen fuera marciano. O bien, si la vida empezó aquí, podría haberse transferido a Marte”.
          “En ambos casos -concluye el investigador- estaríamos relacionados con la vida de Marte”.

De hecho, en las pasadas fechas, se empezó ha hablar de que posiblemente los "rovers" y diversas misiones enviadas a Marte no estuvieran correctamente esterilizadas y que al contrario de lo que hemos ido proponiendo durante todo el artículo, la Tierra, hubiera sido la cuna de todo. Aunque, quién sabe si ambos casos se podrían haber producido y la vida escapara una vez más a su tierra natal para fecundarla de nuevo, dejando atrás un mundo que a marchas forzadas a empezado a resentirse de una enfermedad llamada Ser Humano.

Hemos recorrido tanto espacio, tanto tiempo que nos hemos olvidado mirar en los lugares más cercanos tanto en el espacio como en el tiempo, quizás todo se podría haber reducido a un mero video que allá por los finales de la década de los 50 se emitía en España, en un informativo riguroso y de un carácter puramente objetivo, en el que se puede comprobar que el “generalísimo” encontró en su momento vida en Marte.




Bromas a parte, es imposible seguir pensando que en este Universo, digo más, en nuestra Galaxia estemos solos. Teniendo en cuenta que en los más recientes estudios vislumbran que en uno de cada cuatro sistemas solares, existe un planeta al que nosotros probablemente llamaríamos Tierra (para saber más leer: Un Universo Lleno de Vida: La Señal). Y si eso no es así…Cuánto espacio desaprovechado, ¿no creen?

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