Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Poder y Sangre


Bajo una densa selva tropical virgen, considerada como el segundo pulmón en el Continente Americano, después del Amazonas siendo un refugio de flora y fauna en el cual se han encontrado especies de animales hasta ahora desconocidas, podemos encontrar la que ha sido bautizada como El Mirador, la ciudad con mayor extensión que existió durante el imperio Maya. Está situada en una cuenca que cuenta con un área de 2169 km² que se encuentra al norte de Tikal, Petén, Guatemala. Se trata de una Reserva Arqueológica y Natural, localizada en el corazón de la Reserva de la Biósfera Maya en el departamento de Petén. Existen al menos 26 ciudades en toda la extensión, siendo el primer estado político organizado en el Continente Americano, el nombre que recibió fue; El Reino de Kan. Se desarrollaron al mismo tiempo que los Olmecas iniciaban su desarrollo quienes hasta antes del descubrimiento de éstas ciudades, se consideraba la Cultura madre de Mesoamérica. Entre estas ciudades podemos encontrar la nombrada El Mirador, la segunda mayor a nivel de extensión en el mundo Maya, Tintal, así como Nakbé la más antigua de todas ellas. Estas se desarrollaron en el Preclásico, entre 1500 a.C y el 300 d.C.


La primera mención de los sitios arqueológicos ocurrió en 1920 cuando Lindbergh, después de sobrevolar la zona, mencionó lo interesante del sitio en el cual sobresalían varias porciones de selva del denso mar de árboles. Una expedición aérea de la Universidad de Pennsylvania señaló lo que consideraba volcanes mientras volaba sobre el norte de Petén. En 1978, el Dr. Bruce Dahlin de la Universidad Católica comenzó a explorar el sistema de pantanos que rodean el Mirador, para luego iniciar un proyecto con el doctor Ray Matheny de la Universidad Brigham Young. Este proyecto conjunto, es la primera investigación arqueológica en el Reino Kan, se inicio en 1979. Desde entonces, el arqueólogo Richard Hansen se encontraba trabajando en éstos proyectos.
En 1987, el Dr. Hansen fue invitado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de Guatemala (IDAEH) para iniciar un estudio regional de la totalidad de el Reino Kan. Este amplio estudio se ha traducido en una intensiva investigación científica en más de 14 sitios arqueológicos del Reino Kan, y los descubrimientos del proyecto RAINPEG a su cargo, han cambiado radicalmente los conceptos del origen de la civilización maya. Hay más de treinta sitios mayores documentados dentro de la cuenca hasta la fecha.
Mientras que la mayoría de los sitios Pre-Colombinos en Centro América y México datan del periodo clásico (300-900 d.C.), los sitios del Reino Kan son principalmente Preclásicos, desde 1000 a.C, y con la mayor ocupación hacia 300 a.C. Aparte del tamaño y antigüedad de los sitios, la escala de las pirámides y las construcciones sobrepasan cualquier otro edificio y construcción en el mundo maya. Las plataformas y pirámides están dentro de las más grandes y antiguas construcciones de América, indicando que el Reino Kan en realidad es la cuna de la civilización maya.


La enorme ciudad de El Mirador se encuentra dentro de la delimitación del parque Nacional Mirador-Río Azul  a unos 7 kilómetros de la frontera con México. Esta ciudad es uno de los sitios más importantes realizados por los Mayas a lo largo de toda su historia.
El sitio abarca un poco más de 25 kilómetros cuadrados, y está formado por varias plataformas y pirámides como Cascabel, León, Tigre y Monos, así como La Muerta y La Danta, la estructura más grande. Usualmente se le divide En Complejo Occidental y Complejo Oriental, y están conectados por calzadas.
 Cabe destacar la pirámide de La Danta que se alza llegando a alcanzar los 72 metros de altura, que por volumen supera a la gran pirámide de Egipto (para saber más leer: Gizeh y las Grandes Pirámides), y consiste en una serie de plataformas masivas, por otra parte se encuentra la pirámide El Tigre, en cuya base cabría toda la acrópolis de Tikal, midiendo 55 metros de alto. Se estima que fue construida en el período Pre-clásico Tardío (200 - 100 a.C). Esta estructura muestra un estilo triádico, en el cual se hacía una pirámide principal y dos de menor tamaño de cada lado. Además la pirámide de La Danta cobra vital importancia en lo que a mitología Maya se refiere, pues, en el sitio, se descubrió un relieve que data del año 200 a.C., donde se representa la historia de creación maya del Popul Vuh. En ella se observa a los gemelos divinos, Hunaphu e Ixbalanque, dejando el inframundo con la cabeza de su padre Hun-Hunaphu. (Para saber más leer: Los Hombres del Maíz)
La guerra parece haber jugado un rol importante en el total abandono de El Mirador, ya que un largo muro defensivo en su parte oeste fue construido en el Clásico Temprano, después del colapso del Preclásico. Uno de los escasos Campos de batalla documentados en el mundo Maya antiguo, se encuentra en la cúspide de la Pirámide del Tigre, donde docenas de puntas de lanza de obsidiana verde, fueron encontradas sobre restos del edificio indicando que la batalla ocurrió después de haber sido abandonada la pirámide. Esto sugiere que las fuerzas de Siyaj K'ahk' (Nacido de/en el Fuego) de Tikal, tomaron esta área durante el final del siglo IV d.C.

Según Richard Hansen, probablemente decenas, posiblemente cientos de miles de personas levantaron El Mirador la cual labraron y construyeron por más de 750 años desde aproximadamente el 500 a.C., aunque la ocupación empezó cientos de años antes.

Por otra parte Nakbé está situado 13 km al sureste del sitio de El Mirador, conectado al complejo oriental por una calzada o "Sacbe", como lo llamaban los mayas. Esta calzada es una de varias que conectan las distintas ciudades y grupos de estructuras, con un tamaño promedio de 25 a 50 metros de ancho, y cuyo relieve puede ser visto desde el aire fácilmente.
Nakbé es una de las ciudades más antiguas en el mundo maya, con monumentos que datan del pre-clásico medio temprano (1,000 – 400 a.C).
El complejo cuenta con varios lugares interesantes, como uno de los juegos de pelota más antiguos de Meso América que ha sido fechado con exactitud. Las tres fases de construcción de este juego de pelota se inicia en el medio Preclásico alrededor de (600 a 400 a.C), con la última y mayor fase realizada en el Preclásico Tardío. Parece ser que hubo una muy pequeña remodelación durante el período Clásico Tardío, siglos después de que se hubiera abandonado. Esta remodelación permitió a los visitantes mayas utilizar el juego de pelota donde habían jugado sus ancestros. En Nakbé también encontramos el complejo Códex, el cual fue construido en el período Clásico Tardío (680-740 d.C.) así como las canteras de piedra caliza y sus herramientas las cuales fueron dejadas abruptamente.
El primer mapa fue realizado Ian Graham en 1962, pero las excavaciones sistemáticas no iniciaron hasta 1989 en una expedición conjunta del Instituto Guatemalteco de Antropología e Historia y la Universidad de California (Los Ángeles). Éste fue un proyecto liderado por el doctor Richard Hansen ahora miembro de la facultad de la Universidad de Idaho.

Peor suerte corrió Tintal, ya que es el sitio más saqueado del Reino Kan. Más de 2500 trincheras marcan este sitio (un promedio de tres trincheras por estructura). Se cree que la Estela Hallberg, un monumento famoso por su representación de la Serpiente de la visión y sus conexiones ceremoniales con el derramamiento de sangre, se originó en el sitio de Tintal.
En este sitio se evidencia un constante asentamiento de humanos desde el Preclásico Medio (1000 - 350 a.C), el Preclásico Tardío (350 a.C – 150 d.C), el Clásico Temprano (250 - 600 d.C), Y el Clásico Tardío (600 - 800 d.C). Se trata de una majestuosa ciudad con edificios piramidales, palacios, canteras y canales.
La ciudad de Tintal se encuentra dividida, al igual que todos los sitios del área, en un área central, en donde se encuentran construidos los conjuntos asociados a funciones cívicas-religiosas, así como también las zonas residenciales de la élite. Por otro lado, se localiza una amplia zona de habitabilidad en donde se concentraba la mayor parte de la población. 
El aspecto de mayor relevancia en la ciudad son las obras hidráulicas a gran escala, que consisten en una serie de cinco canales que rodean el epicentro del sitio. Fueron registrados un total de 2´2 kilómetros de canales, construidos artificialmente, de 8 metros de profundidad en promedio y hasta 15 metros de ancho.
En Tintal se localiza el campo o patio de juego de pelota maya más grande del período Preclásico Maya, fechado hasta el momento. Las dimensiones del campo son extremadamente amplias con un largo de patio de 42 metros, 15 metros de ancho y sus estructuras tienen alturas que sobrepasan los 5 metros. 
A pesar de los abundantes saqueos, numerosos e importantes descubrimientos arqueológicos se han producido en Tintal. Muchos de los artefactos de Tintal pueden verse en el Museo Carlos F. Novella, en la ciudad de Guatemala.

A través de todo el Reino Kan y dentro de los sitios específicos se pueden encontrar estructuras elevadas del suelo de 1 a 4 metros de altura, con un ancho que oscila de 24 a 50 metros. Estas estructuras o calzadas se cree que facilitaban el transporte de mercancías, así como el control y el flujo de agua en las zonas pantanosas. Existen calzadas dentro de cada sitio, conectando complejos arquitectónicos, y calzadas que conectan los sitios entre sí, recorriendo distancias de hasta 12 kilómetros.

    “Pero lo asombrante”, afirma la directora ejecutiva de Pacunam, Claudia Rosales, “es que contaban con calzadas pavimentadas y sistemas de cañería”.

Sin embargo y a pesar de la gran importancia que atesora este nutrido patrimonio, son pocas las personas que indagan en él. Posiblemente la culpa recaiga a las largas distancias que hay que realizar para llegar a cada una de las ciudades, ya que según los diversos arqueólogos avezados  en la materia hablan de rutas de hasta 8 días para conocer el terreno. Es por ello que las personas suelen desplazarse a las ciudades más conocidas de este enigmático pueblo para muchos desconocido, salvo por algunas habladurías, leyendas y mitos.

A 123 kilómetros al sureste de Mérida, México, en la península del Yucatán, se encuentra la ciudad más conocida del mundo Maya, Chichén Itzá. Está declarada como Patrimonio de la Humanidad  por la UNESCO desde 1988 y Maravilla del Mundo desde 2007.  Fundada hacia el año 525 d.C., durante la primera bajada o bajada pequeña del oriente que refieren las crónicas, por los chanes de Bacalar, que más tarde se llamaron Itzá. Se trata de uno de los emplazamientos más completos y complejos de este curioso mundo, pues difiere en muchas de las cosas de la mayoría de ciudades de su época. Este hecho ha llevado a pensar que en realidad se trataban de mayas muy influenciados por la cultura tolteca. Las plazas son más grandes, los estilos artísticos distintos, que marcan dos fases de la construcción totalmente diferentes, algo que no ocurre en ninguna otra ciudad del pueblo Maya, aunque sí coincide un poco más con la tradición tolteca.

La imponencia de la herencia de los itzás va más allá de la Explanada Principal, el Observatorio, el Cenote Sagrado, el Juego de Pelota y el Templo de las Mil Columnas.

·         Templo de las Mil Columnas: Construido en el 1.200 d.C. por los mayas influenciado por la arquitectura tolteca. Está en el lado oriental de la Gran Plaza y rodeado de mil columnas. En su cima encontramos la figura del dios Chac Mool.

·         Observatorio: conocido como “el Caracol” es una torre levantada sobre dos plataformas rectangulares y fue dedicado a la Astronomía. Dada la exactitud con que los mayas conocían el movimiento de las estrellas o el calendario solar, el Observatorio Astronómico se considera uno de los más importante monumentos de la Explanada de Chichén Itzá.

·         Juego de Pelota: De 168 por 170 metros, esta superficie destaca por los anillos de piedra existentes en cada muro que flanquea la pista de juego. 

·         Cenote Sagrado: Situado a unos 300 metros del complejo de Chichén Itzá, está dedicado al dios Chac y mide 65 metros de diámetro y 40 de profundidad. El cenote es una formación natural, una cueva en un túnel originada en la roca caliza, el techo se derrumbó y quedo tal cual está el cenote. Se usaba de forma ceremonial se realizaban sacrificios, hombres, mujeres y niños fueron arrojados a él como ofrenda a los dioses en épocas de sequías.


Pero quizás, la obra más imponente de todas fuese la Pirámide de Kukulkán, gran pirámide de 55,5 metros de ancho de base y 24 metros de altura, donde dos veces al año, durante los equinoccios de primavera y otoño, el 21 de marzo y el 22 de septiembre respectivamente, un mágico juego de luces y sombras crea la apariencia de una serpiente que gradualmente baja por una de las escaleras de la pirámide hasta completar la emblemática serpiente emplumada. Gracias a que en la base de la cara norte hay dos enormes cabeza de serpientes emplumadas, efigies del dios Kukulkán. Ocurre lo inverso al atardecer los días del 20 al 22 de diciembre.

Aquí es donde se mezcla la mitología con la realidad, pues en el año 968 d.C., llegó a la ciudad un nuevo gobernante, Quetzalcóatl, lo que aclara la profusión de grabados referentes al dios serpiente, pues ésta es la forma del dios de mismo nombre, el de una serpiente emplumada. Ahí se halla la contradicción, pues Quetzalcóatl era un dios pacífico, y el jefe era una auténtica máquina bélica.
Pese al carácter pacífico de su dios, se ofrecían a él sacrificios humanos.

Finalmente Chichén Itzá fue abandonada por sus habitantes en 1224 d.C., lo curioso es que no hay evidencia del motivo por el que abandonaron la ciudad, e imperios posteriores como los aztecas no las llegaron a habitar, pese al buen estado de conservación y lo avanzado de sus instalaciones, nunca más fue habitada.

Otras de las grandes ciudades más conocidas se encuentra en el estado de Chiapas, cubierto por la densa selva tropical y al pie de unas colinas, se halla la ciudad de Palenque, uno de los centros más importantes del pueblo maya. Se encuentra en la península de Yucatán, cerca de la frontera con Guatemala. Palenque es hoy, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Alrededor del año 100 a.C. se estableció una pequeña aldea, período llamado Formativo (2500 a.C. a 300 d.C.). En el Clásico Temprano (300- 600 d.C) evolucionó hasta llegar al Tardío (600-900 d.C), época en que alcanzó su máximo desarrollo, así lo expresan sus construcciones e inscripciones. A través de mil años, sus habitantes construyeron una de las ciudades más sorprendentes, enigmáticas y admiradas en el mundo. Hoy se conoce a esta serranía y a la antigua ciudad con el nombre de Palenque, aunque se ignora cómo la nombraban sus habitantes. El nombre, cuyo significado es “estacada” o “lugar de empalizada”, fue tomado del pequeño poblado fundado por los españoles en el siglo XVI.
Palenque era sobre todo el centro comercial Maya, donde se celebraban los cultos más importantes de esta cultura. En esta ciudad destaca por encima de todo el Palacio de Palenque y el Templo de las Inscripciones.
El palacio era laberíntico, repleto de estancias y galerías en  las que perderse al mínimo despiste, que acaban por conducir a una torre de cuatro pisos de altura desde donde los mayas estudiaban el cielo y de paso les servía como punto elevado de vigilancia desde el que divisaban casi todo el valle. Destacan también los tres templos en forma de pirámide escalonada que reciben el nombre de Templo del Sol, de la Cruz y de la Cruz Foliada, respectivamente. En la sala de cada templo existe un santuario en el que se halla una tablilla de piedra con jeroglíficos, además de figuras humanas y objetos ceremoniales.
Pero el más notable de todos los templos es el ya citado Templo de las Inscripciones, un edificio imponente de 20 metros de altura, también de forma piramidal, sostenido por cuatro pilares que representan figuras humanas de tamaño natural con niños en brazos.
No había muchas noticias de este templo hasta que en 1949 el arqueólogo mexicano Alberto Ruz Llhuillier halló una gran losa de piedra en el suelo que dejó al descubierto, una vez retirada, una escalera. Tres años tardaron en poder desbloquear la escalera de escombros, pero desde luego valió la pena. Al final de la escalera halló una lápida triangular dispuesta en vertical y seis cadáveres de posibles víctimas de sacrificios humanos. Al retirar la losa, el arqueólogo encontró una tumba que pertenecía intacta desde hacía más de mil años, una especie de gruta de piedra lisa, perfectamente tallada, pero en la que se había formado estalactitas y estalagmitas.
Fue en ese mausoleo donde se encontró la célebre lápida de piedra de 5 toneladas de peso que servía de tapa a un sarcófago, dentro del cual se hallaban los restos de un hombre muerto a los 40 años al cual habían cubierto con joyas de jade y con una lujosa máscara con incrustaciones de obsidiana y nácar. Más tarde, una vez descifrados los jeroglíficos, pudimos saber que se trataba de Pacal, un rey Maya que gobernó Palenque a principios del siglo V.
Pero Palenque sobre todo es célebre por la lápida del “astronauta”. Esta pieza incomparable del arte Maya ha hecho correr ríos de tinta, pues muchos han querido ver en ella una representación de un extraterrestre en su cápsula espacial.

Sin embargo y tras todo este esplendor vivido, a la llegada de los españoles a la península del Yucatán, prácticamente todo vestigio de la esplendorosa civilización había desaparecido, el, ¿por qué? Nadie lo sabe, aunque recientes estudios ponen en la palestra la propia “autodestrucción” de su mundo por culpa de la grave deforestación que sufría su entorno. Algunos investigadores, patrocinados por la NASA, creen tener una muy buena idea de lo que ocurrió: 

     “Lo ocasionaron ellos mismos”, dice el veterano arqueólogo Tom Sever.

     “Los mayas casi siempre son descritos como personas que vivían en total armonía con su entorno”, relata el estudiante de doctorado Robert Griffin. “Pero al igual que muchas otras culturas que vivieron antes o después de ellos, los mayas terminaron deforestando y destruyendo su paisaje como resultado de sus esfuerzos por ganarse la vida a duras penas en épocas difíciles”.

Una gran sequía tuvo lugar cerca del momento histórico durante el cual los mayas comenzaron a desaparecer. Y, al momento de su caída, ya los mayas habían cortado la mayor parte de los árboles ubicados a lo largo de grandes franjas de tierra con el fin de despejar terreno para cultivar el maíz que alimentaría a su creciente población.

     “Tenían que quemar 20 árboles para calentar la piedra caliza que les servía para hacer apenas 1 metro cuadrado de cal que utilizaban como material para construir sus formidables templos, represas y monumentos”, explica Sever.

Los mayas llevaron a cabo la deforestación mediante la agricultura de tala y quema.

     “Lo que nosotros creemos es que la sequía ocurrió de modo distinto en diferentes áreas”, explica Griffin. “Nuestra hipótesis es que los aumentos de la temperatura y las disminuciones de las precipitaciones ocasionadas por la deforestación local causaron problemas lo suficientemente graves como para ‘empujar hacia el precipicio’ a algunas, aunque no a todas, las ciudades-estado”.

Ningún factor puede, por sí mismo, llevar a toda una civilización a la ruina, pero la deforestación que ayudó para que se produjera la sequía podría muy fácilmente haber exacerbado otros problemas como: disturbios sociales, guerra, hambre y enfermedades.

     “Sabemos que por cada período de 1 a 3 años en los cuales se cultive una porción de tierra, se necesita dejarla en barbecho recuperándose durante 15 años. Durante ese tiempo, los árboles y el resto de la vegetación puede volver a crecer mientras se tala y se quema otra área de cultivo”.

Pero, ¿qué ocurre si no se deja la tierra en barbecho el tiempo suficiente como para que se pueda recuperar? ¿Y qué sucede si se tala más y más tierra para poder satisfacer la demanda de alimento?

     “Nosotros creemos que eso fue lo que ocurrió”, dice Griffin. “Los mayas arrasaron con extensas porciones de tierra cultivándolas en exceso”.

 La sequía no sólo hizo que fuera difícil cosechar alimento suficiente, sino que también habría provocado que fuera más difícil para los mayas almacenar agua suficiente como para sobrevivir durante la temporada seca.

     “Las ciudades trataron de mantener una reserva de agua que durara un período de 18 meses”, dice Sever. “En Tikal, por ejemplo, había un sistema de represa que contenía millones de galones de agua. Sin suficientes precipitaciones, las reservas se secaron”.

La sed y la hambruna no colaboran para mantener feliz a una población. Como dice la expresión: lo demás es historia.

Aunque de manera localiza, parte de su población logró prosperar y fue aquí donde entran en juego los españoles.
En el año 1511 d.C., una carabela de la flota de Diego de Nicuesa, al mando de Pedro de Valdivia, a bordo del navío Santa María de la Barca que regresaba del Darién en el actual Panamá, naufragó cerca de las costas de Jamaica y en una balsa a la deriva arribaron a las costas de Yucatán; de entre los náufragos, hubo una veintena de sobrevivientes, casi la mitad llegaron a territorio Maya, entre ellos, el capitán Valdivia, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. Habrían de transcurrir ocho años entre el naufragio y la llegada de Hernán Cortés. Gonzalo Guerrero asimiló la cultura maya de forma familiar y murió luchando contra los mismos españoles, desconociendo a su rey y abjurando de su religión. Al morir se había convertido en un cacique maya.
Así fue el primer encuentro con una cultura en decadencia, no obstante lo peor, aun quedaba por llegar. A principios del siglo XVI, a pesar del tibio recuerdo que podía emerger de dicha cultura, aun podía salvarse parte de su patrimonio a través de los numerosos manuscritos, libros, y otros documentos que narraban sus historias, mitos y leyendas, pero los españoles, locos por evangelizarlos arrasaron con todo.

Parte de la culpa de este proceso la tuvo Fray Diego de Landa Calderón (12/11/1524 - 29/04/1579). Religioso español, cronista de la civilización maya. Se trataba de un hombre de la inquisición que ilustra perfectamente el poder de la intolerancia, una idea que evolucionó en la religión judía unos pocos siglos antes del nacimiento de Cristo y que fue tomada como una venganza por los cristianos en los siglos III y IV d.C. El germen de la intolerancia nos declara que no solo Yahvé es el único dios, sino que, además, cualquier persona que adora a otros dioses está cometiendo pecado. Esto justifica todo tipo de atrocidades en el nombre de Yahvé: el asesinato, la esclavitud, la conversión forzada, la represión y la destrucción de otras religiones, el racismo y muchos otros actos inmorales.
En 1547 viaja junto a Nicolás de Albalate cuando éste regresa a Yucatán. Aprendió la lengua maya y en 1549 es nombrado ayudante del guardián de Izamal. En 1552 recibe el encargo de construir un convento que sustituya a las chozas en que habitaban los franciscanos. En 1556 fue custodio del Yucatán y primer definidor de la Provincia dentro de la orden franciscana.
Cuando Yucatán y Guatemala formaron una sola provincia, fue Provincial de la misma en 1561. Los frailes educaban a los indígenas e intentaban evitar su maltrato. Los encomenderos quemaron dos veces el templo y cenobio de Valladolid pensando que por aprender la doctrina cristiana, los indios desatendían el trabajo. En 1552 Tomás López Medel media para solucionar el conflicto. 
En 1562 llega a Maní y constituye un tribunal religioso al que pronto convierte en Inquisición ordinaria. Los interrogatorios a los indios condujeron al decomiso de sus imágenes y piedras sagradas. Se realizó un gran Auto de Fe en Maní el 12 de julio de 1562 en que hizo quemar unos 5000 ídolos y objetos sagrados. Algunos indios se suicidaron posteriormente.
El sacerdote descubrió que muchos de “sus mayas” convertidos a la nueva religión impuesta por él, seguían adorando a los dioses que durante siglos habían formado parte de su cultura. Descubrió que todos sus años en América habían sido un completo fracaso.
Landa, después de esto, sintió aquello como una traición y haciendo gala de la intolerancia cristiana, comenzó una feroz inquisición que dio lugar a la tortura y la muerte en toda la región de Yucatán. Estaba decidido a acabar con todos los conocimientos de la religión Maya, y vio en la lengua maya y los jeroglíficos como un elemento clave para conseguirlo. Cincuenta años más tarde, en 1699, soldados españoles quemaban la última ciudad que poseía una escuela de escribas que sabían traducir jeroglíficos mayas. En 1720, no había ni una sola persona viva que sabía el significado de dichos jeroglíficos.

Todo vestigio de esplendor, se perdió en los albores del tiempo.

Continúa en: La Rueda Maya

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